
Ingeniero White, la localidad portuaria que sufrió uno de los impactos más severos de la trágica inundación del 7 de marzo, se encuentra nuevamente en estado de ebullición. Este jueves marca el segundo día de un persistente acampe y cortes intermitentes de tránsito sobre el acceso oeste al puerto, en la intersección de Vélez Sarsfield y Carrega. Los vecinos, con la paciencia agotada, exigen respuestas concretas y soluciones definitivas a la falta de cumplimiento en el pago de los subsidios prometidos y la imperiosa necesidad de obras de infraestructura.
La magnitud del desastre del 7 de marzo dejó a muchas familias con sus hogares devastados, pasando hasta tres días sin poder salir de sus casas, rodeados de agua, barro y restos cloacales. A casi tres meses de aquel fatídico evento, la ayuda estatal que debía aliviar la carga de la reconstrucción ha llegado, según los manifestantes, «a cuentagotas».
El vocero del reclamo, Arón Lavayén, había señalado este miércoles en diálogo con medios locales que «alrededor de 300 familias aún no cobraron ni el subsidio provincial ni el nacional». Este subsidio se compone de dos líneas de asistencia económica cruciales para los hogares más afectados por el temporal: una proveniente del Gobierno nacional, que oscila entre los 2 y 3 millones de pesos, y otra del Gobierno provincial, de 800 mil pesos. La demora en la entrega de estos fondos ha sumido a muchas familias en una situación de extrema vulnerabilidad económica y emocional, dificultando enormemente la recuperación de sus viviendas y sus vidas.
La concentración de los vecinos se reanudó desde las 7 de la mañana de este jueves, tal como lo hicieron ayer, según indicaron referentes de la manifestación a La Nueva.. La medida de fuerza se mantendrá por tiempo indefinido, ya que los manifestantes han declarado que «no se sabe, hasta recibir una respuesta» sobre la duración del acampe. Esta determinación subraya la desesperación y la firmeza de la comunidad ante la percibida inacción de las autoridades.
Pero el reclamo de los habitantes de Ingeniero White va más allá del aspecto económico. Los manifestantes exigen con urgencia la concreción de obras básicas y fundamentales que prevengan futuras catástrofes y mejoren la calidad de vida en el barrio. Entre las demandas más apremiantes se encuentran la implementación de cloacas, la mejora de los desagües pluviales, la pavimentación de calles, una limpieza integral del área, mejoras sustanciales en el «hospitalito» local, la presencia permanente de una ambulancia, y campañas de fumigación y desratización.
Lavayén fue contundente al expresar el descontento con las acciones tomadas hasta el momento: «La limpieza fue mínima y los desagües siguen colapsados. Se podrían haber hecho cosas a corto plazo y no se hicieron», afirmó, señalando una falta de voluntad política y una ejecución deficiente en las tareas de recuperación y prevención. La percepción de que no se han abordado las causas estructurales de la inundación, sumada a la lenta llegada de la ayuda prometida, ha sido el detonante de esta prolongada protesta.
La comunidad de Ingeniero White, conocida por su resiliencia, ahora exige que esa resiliencia sea acompañada por la responsabilidad y el compromiso de las autoridades para garantizar que tragedias como la del 7 de marzo no se repitan y que los vecinos puedan recuperar la normalidad en sus vidas con dignidad y seguridad. El puerto, motor económico de la región, se ve ahora afectado por la protesta de una comunidad que clama por atención y soluciones duraderas.
