
A 40 años de una de las tragedias laborales más grandes de la historia argentina, la Unión de Recibidores de Granos y Anexos de la República Argentina (URGARA), junto al Consorcio de Gestión del Puerto, inauguraron un monumento en el Puerto de Bahía Blanca. El mismo busca honrar a los 22 trabajadores que perdieron la vida en la explosión del Elevador Nº 5, ocurrida en 1985.
El Puerto de Bahía Blanca, uno de los complejos agroindustriales más importantes del país, se convirtió hoy en el escenario de un emotivo acto en memoria de las 22 víctimas de la trágica explosión del Elevador Nº 5, ocurrida el 13 de marzo de 1985. A cuatro décadas de aquel fatídico suceso, se inauguró un monumento conmemorativo para que la comunidad y, en particular, los familiares y compañeros de las víctimas, tengan un espacio permanente para el recuerdo.
La iniciativa, impulsada por la Unión de Recibidores de Granos y Anexos de la República Argentina (URGARA), fue llevada a cabo en conjunto con el Consorcio de Gestión del Puerto y empresas privadas. En la inauguración, el secretario general de URGARA a nivel nacional, Pablo Palacio, expresó que la obra es un anhelo que se concretó tras «recoger la inquietud de familiares y ex trabajadores» y que representa un objetivo cumplido de encontrar un «lugar para que las familias y ex compañeros que pasaron esa etapa tan difícil tengan su espacio de memoria».
Palacio destacó la importancia de mantener viva la memoria de este trágico evento, considerándolo uno de los accidentes laborales más graves de la historia del país. Durante los últimos 40 años, los homenajes se realizaban en las instalaciones de la extinta Junta Nacional de Granos. El nuevo monumento, sin embargo, ofrece un espacio de homenaje íntimo que no requiere esperar a la fecha de cada aniversario.
El secretario general hizo un recordatorio de las circunstancias de la tragedia, señalando que la empresa que operaba el elevador era una firma estatal que posteriormente se privatizó en la década de los 90. El Elevador Nº 5 era una estructura de vanguardia para su época, con una capacidad de embarque similar a la actual, y era uno de los siete elevadores con esas características en todo el mundo, todos los cuales habían presentado problemas técnicos.
Palacio no dudó en señalar las responsabilidades detrás del desastre, atribuyéndolas a una combinación de factores que evidenciaban una «desidia» tanto de la empresa como de los propios trabajadores. Entre las causas, mencionó la falta de mantenimiento, un exceso en el ritmo de trabajo y de velocidad de embarque, la falta de atención a las tareas y, de forma alarmante, la realización de asados dentro de la estructura. La tragedia no tuvo un desenlace aún más catastrófico solo por la hora en que ocurrió, a las 00:20 de la madrugada, cuando la mayoría de las actividades ya había finalizado y muchos trabajadores se habían retirado.
El monumento no solo rinde homenaje a los miembros de URGARA que fallecieron, sino también a camioneros, bomberos y personal de la Junta Nacional de Granos, que también se vieron afectados. Con la presencia de «todas las fuerzas vivas de la ciudad», la inauguración se establece como un acto de memoria colectiva y un recordatorio de la necesidad de garantizar la seguridad en el ámbito laboral para evitar que una tragedia de tal magnitud se repita.
