
Una reciente encuesta de opinión pública, en un contexto de deterioro social y polarización política, reveló que solo tres de cada diez argentinos aprueban el rumbo general que ha tomado el país en materia política y económica. El sondeo, realizado por la consultora Zentrix, subraya una creciente desaprobación de la gestión presidencial, que alcanza al 60% de los encuestados, a pesar de que el gobierno ha logrado mostrar resultados fiscales positivos en la macroeconomía. La situación económica, la inflación y la percepción de la corrupción se consolidan como las principales preocupaciones ciudadanas.
La Fragilidad del Consenso: Desaprobación en Aumento
El optimismo inicial que acompañó al cambio de gobierno ha encontrado un punto de inflexión, según demuestran los últimos relevamientos de opinión. El dato de que apenas el 32% de los argentinos respalda el rumbo político y económico actual se alinea con una valoración negativa de la gestión presidencial que se mantiene en terreno mayoritariamente negativo, alcanzando casi seis de cada diez encuestados.
Este escenario desafiante se configura a partir de una doble tensión: por un lado, el Gobierno exhibe logros en la macroeconomía, como la consolidación del superávit fiscal y una desaceleración de la inflación que en el último registro se ubicó por debajo del 2% mensual. Sin embargo, este ajuste fiscal ha tenido un alto costo social, visible en la caída del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones y un consecuente aumento de la pobreza.
La Realidad Económica y la Percepción Ciudadana
La desconexión entre los indicadores macroeconómicos y la realidad cotidiana es un factor central en la caída de la aprobación. Tres de cada diez encuestados identifican la situación económica como el desafío más urgente a nivel nacional.
Si bien el Gobierno insiste en que el rumbo es correcto y que las cifras fiscales marcan un camino de estabilidad, la mayoría de los argentinos está experimentando un deterioro en su situación personal. Este desajuste se refleja en variables sensibles:
- Poder Adquisitivo: El salario privado, si bien ha acompañado a la inflación en términos nominales, no ha logrado recuperar la pérdida de poder real. Particularmente, los haberes jubilatorios mínimos se ubican en términos reales por debajo del nivel de fines del año anterior.
- Endeudamiento: El estancamiento de la actividad económica y el incremento de los costos básicos han llevado a un crecimiento del endeudamiento, con un mayor uso de la tarjeta de crédito para el consumo minorista.
- Corrupción: En el plano político, la corrupción emerge como la segunda preocupación más importante, un tema que se reactivó con escándalos recientes y que se suma al descontento económico.
La persistente desconfianza en los indicadores oficiales también es un dato relevante: un 66.7% de los encuestados considera que los datos del INDEC no reflejan la inflación real, lo que profundiza el escepticismo sobre la política económica en curso.
El Desgaste Político y la Polarización
La imagen del presidente, aunque logra sostener un núcleo de votantes fieles (aproximadamente un 65% de aprobación entre quienes lo eligieron), no logra expandirse y consolida un perfil de alta polarización y un amplio rechazo en la opinión pública general.
La desaprobación no se concentra únicamente en la figura presidencial, sino que se extiende a áreas de gestión consideradas sensibles por la ciudadanía. Encuestas recientes en la Provincia de Buenos Aires señalan que una amplia mayoría rechaza los recortes en áreas como el Hospital Garrahan y se opone fuertemente a los ajustes en las Universidades Públicas. La salud y la educación se han convertido en frentes adicionales de desgaste para la gestión.
En este contexto de crecientes dificultades, la demanda social es clara: un 45% de los encuestados exige que el Gobierno escuche más las demandas sociales y aplique políticas de alivio para los sectores más vulnerables. Otro 34% pide explícitamente acuerdos con la oposición para introducir correcciones en el plan económico.
En resumen, los datos de septiembre de 2025 pintan un panorama donde la esperanza en el futuro aún se mantiene entre la base de votantes del oficialismo, pero el presente se vive con dificultad, y el consenso sobre el rumbo del país se reduce a una minoría. La presión de la calle, sumada a la cercanía de las elecciones legislativas, obliga al Gobierno a repensar la gestión para evitar un mayor deterioro de su capital político.
