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La Pesadilla UVA: Tasas al 15% Excluyen a Miles del Sueño de la Casa Propia

El retorno del crédito hipotecario, visto como un motor de esperanza, choca de frente con la cruda realidad económica. Las nuevas ofertas bancarias añaden un interés anual de hasta el 15% sobre la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA), elevando los requisitos de ingresos a niveles inalcanzables para la clase media argentina y asestando un golpe estructural al mercado inmobiliario.

El mercado de préstamos hipotecarios en Argentina, tras años de virtual parálisis, había comenzado a mostrar tibias señales de reactivación. Sin embargo, la euforia inicial ha sido reemplazada rápidamente por la frustración. La combinación de una profunda volatilidad económica, la escasez de fondeo a largo plazo y un riesgo país persistentemente alto ha empujado a las entidades bancarias a endurecer drásticamente las condiciones de acceso, haciendo que el «sueño de la casa propia» se convierta, nuevamente, en una ilusión distante para miles de familias.

 

El Factor Disuasorio: Intereses por las Nubes

 

El principal obstáculo que hoy dinamita la capacidad de acceso es la tasa de interés complementaria que los bancos están aplicando por encima del ajuste por UVA. Si bien la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA) se ajusta diariamente por el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), que sigue la inflación, las entidades financieras han comenzado a aplicar tasas nominales anuales que, en el peor de los casos, llegan al 15%.

Este porcentaje se suma al capital que ya se ajusta por inflación. Un panorama que contrasta fuertemente con los créditos UVA originales, que ofrecían tasas fijas nominales mucho más bajas, a menudo por debajo del 5% y hasta del 2%. Este salto en el costo financiero total (CFT) es una barrera insuperable.

El encarecimiento no es casual, sino que responde a una falta de liquidez estructural. Los bancos argentinos carecen del fondeo necesario para prestar dinero a 20 o 30 años en un país con una macroeconomía inestable. Ante la ausencia de un mercado secundario de hipotecas desarrollado —que permitiría vender y transferir el riesgo a inversores—, las entidades tienen dos opciones: frenar la oferta o aumentar las tasas para desincentivar la demanda. Hoy, están haciendo ambas.

 

Requisitos Inalcanzables y Familias Excluidas

 

La consecuencia directa de este coctel de alta inflación y tasas bancarias elevadas es la explosión de los requisitos de ingresos.

Por normativa, la cuota de un crédito hipotecario no debería superar el 25% de los ingresos familiares netos. Con tasas del 10% o 15% sobre UVA, la cuota inicial en pesos se dispara. Esto implica que, para acceder a un préstamo promedio, las familias deben demostrar un nivel de ingresos mucho mayor al exigido hace solo unos meses.

El endurecimiento de las condiciones se ve reflejado en casos concretos, como la duplicación de los scoring crediticios requeridos. Por ejemplo, se han reportado casos donde el puntaje exigido para acceder a un préstamo en ciertas entidades pasó de 450 a más de 900 puntos. Familias que habían iniciado el proceso crediticio y tenían la aprobación pre-acordada, quedan afuera de la noche a la mañana.

El problema no se detiene en los nuevos tomadores. La suba del dólar y la consecuente devaluación impactan en el valor en pesos de las propiedades, forzando a los solicitantes a aumentar el anticipo y dejando en el camino a quienes ya contaban con un plan financiero cerrado.

 

El Fantasma de los Deudores Originales

 

La nueva crisis de acceso reactiva los peores temores de los deudores hipotecarios UVA originales, aquellos que tomaron préstamos entre 2016 y 2018.

Si bien la Unidad de Valor Adquisitivo fue diseñada para fomentar el crédito al mantener las cuotas iniciales bajas, el desborde de la inflación —que ha superado en varias ocasiones y por amplios márgenes el aumento de los salarios— generó un fenómeno de sobreendeudamiento. La cantidad de capital adeudado creció exponencialmente, y las cuotas pasaron a devorar una porción cada vez más grande del presupuesto familiar, superando con creces el límite del 35% de los ingresos, e incluso llegando a niveles de excesiva onerosidad sobreviniente, como lo han reconocido fallos judiciales.

A lo largo de los años, el gobierno ha implementado diversas herramientas para mitigar esta crisis, desde congelamientos de cuotas (DNU 319/20 y 767/20) hasta fórmulas alternativas de ajuste como el Coeficiente Casa Propia (CVS), que intenta reflejar el promedio de la variación salarial. Sin embargo, estas soluciones han sido parches temporales y, en muchos casos, no han resuelto el problema de fondo del capital adeudado.

El hecho de que hoy el mercado hipotecario esté volviendo a operar con tasas tan elevadas, aun con el fantasma de la indexación, demuestra que la falta de confianza y la inestabilidad siguen siendo el denominador común del financiamiento a largo plazo en Argentina.

En palabras de analistas, estas tasas «son un golpe mortal» para el mercado hipotecario. Mientras la inflación continúe siendo alta y no se logre estabilizar la economía para generar fondeo a largo plazo y bajo costo, la promesa de una vivienda propia continuará siendo una quimera para la mayoría de los ciudadanos.

Por [Ricardo Contreras – lu3digital]

 

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