
A pesar de que más de 2.8 millones de personas se movilizaron por el país, el impacto económico directo de $808.198 millones no logró compensar la inflación. Según CAME, los viajeros gastaron menos por día y acortaron sus estadías en un contexto de fuerte pérdida del poder adquisitivo.
El tercer fin de semana largo del año dejó un balance agridulce para el sector turístico y comercial de la Argentina. Si bien la cantidad de personas que viajaron mostró un incremento del 5,6% respecto al mismo período de 2025, el nivel de gasto real experimentó una caída drástica del 19%, confirmando que la crisis económica ha modificado profundamente los hábitos de los vacacionistas.
De acuerdo con el relevamiento detallado de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), un total de 2.852.256 turistas recorrieron el territorio nacional. Este flujo generó un impacto económico directo de $808.198 millones, distribuidos en rubros clave como hotelería, transporte, gastronomía y recreación. Sin embargo, al ajustar estas cifras por inflación, el resultado arroja una contracción cercana a los veinte puntos porcentuales en comparación con el año anterior.
Menos días y presupuestos ajustados
La radiografía del consumo muestra que cada turista destinó, en promedio, poco más de $108.000 por día. Esta cifra representa un retroceso en términos reales frente a la Semana Santa pasada. Acompañando este menor desembolso, la duración de los viajes también se vio afectada: la estadía promedio se redujo a 2,6 noches, consolidando la tendencia de las «escapadas breves» por sobre las vacaciones extendidas.
Frente a la pérdida de poder de compra, el informe describe un cambio drástico en la conducta del viajero. Predominaron decisiones más cautas, con un recorte evidente en gastos secundarios y la elección sistemática de alternativas de menor costo. El precio del transporte y la incertidumbre económica general fueron los factores determinantes para que los turistas se inclinaran, mayoritariamente, por destinos cercanos a sus lugares de residencia.
Distribución federal del movimiento
A pesar del contexto recesivo, el flujo turístico logró distribuirse de manera federal. Tanto las plazas consolidadas —como la Costa Atlántica, las sierras de Córdoba y el Norte Argentino— como los destinos emergentes mantuvieron niveles de ocupación aceptables.
La variedad de propuestas culturales y religiosas propias de la fecha sostuvo el movimiento general de personas, aunque para los comerciantes el balance final queda marcado por la preocupación: viaja más gente, pero el ticket promedio rinde cada vez menos. La sostenibilidad del sector de cara a los próximos meses de temporada baja queda ahora supeditada a la evolución de las variables macroeconómicas.
