
El presidente Javier Milei profundizó su política exterior con un fuerte giro contra Irán y un respaldo explícito a Israel. En ese marco, el Gobierno confirmó que trabaja en el traslado de la embajada argentina a Jerusalén, una medida de alto impacto diplomático y simbólico.
Actualmente, la sede diplomática argentina en Israel se encuentra en Tel Aviv, como ocurre con la mayoría de los países. El eventual cambio hacia Jerusalén implicaría una definición política sensible, dado que el estatus de esa ciudad es objeto de disputas en el escenario internacional.
La decisión forma parte de una estrategia más amplia de alineamiento con Estados Unidos e Israel, una postura que Milei sostiene desde el inicio de su gestión. Según fuentes oficiales, el traslado podría concretarse en los próximos meses y busca reafirmar ese posicionamiento en plena escalada del conflicto en Medio Oriente.
En paralelo, el Gobierno avanzó con medidas concretas contra el régimen iraní. Entre ellas, se destacó la declaración de la Guardia Revolucionaria como organización terrorista y la expulsión de un diplomático iraní en Buenos Aires, decisiones que profundizaron la tensión bilateral.
Este endurecimiento se apoya también en la postura histórica de Argentina frente a los atentados contra la AMIA y la Embajada de Israel en los años 90. En ese contexto, Milei reiteró su visión de considerar a Irán como un enemigo, al vincularlo con esos ataques terroristas.
Las decisiones del Gobierno fueron bien recibidas por Israel, que expresó su respaldo, mientras que desde Irán hubo una reacción crítica, calificando las medidas como “ilegales” y advirtiendo sobre posibles consecuencias en el plano internacional.

