
Con la zarpada del destructor ARA «La Argentina» y la corbeta ARA «Rosales» desde Puerto Belgrano, comenzó un despliegue conjunto con el portaaviones nuclear USS «Nimitz». Las maniobras buscan fortalecer la interoperabilidad, elevar los estándares profesionales y consolidar la soberanía nacional en aguas jurisdiccionales.
Adiestramiento de élite y despliegue escalonado
El Contraalmirante Pablo Germán Basso, Comandante de la Flota de Mar, destacó que el encuentro permite realizar ejercicios de alta complejidad, incluyendo defensa antiaérea con aviones de combate, maniobras de comunicaciones y evoluciones tácticas. La actividad representa una oportunidad valiosa para intercambiar doctrinas con una de las flotas más avanzadas del mundo.
El dispositivo naval argentino se completará de forma escalonada. Además del destructor ARA «La Argentina» y la corbeta ARA «Rosales», se sumarán:
Dos helicópteros Sea King (Segunda Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros) operando desde el USS «Nimitz».
Dos aeronaves P3C Orion de exploración.
El destructor ARA «Sarandí», la corbeta ARA «Robinson» y los patrulleros oceánicos ARA «Piedrabuena» y ARA «Contraalmirante Cordero».
Soberanía y proyección estratégica
Más allá del carácter técnico, las maniobras —históricamente conocidas como «Gringo-Gaucho»— tienen como objetivo fortalecer la presencia soberana en el Mar Argentino. La región posee una riqueza estratégica decisiva por su proyección hacia la Antártida y el Atlántico Sur, imponiendo desafíos permanentes para la defensa nacional.
Desde la Armada subrayaron que la incorporación progresiva de buques modernos y la capacitación acorde a estándares internacionales no solo incrementan la eficiencia operativa, sino que aseguran que la Argentina esté a la altura de las exigencias regionales e internacionales de seguridad. Una vez concluidas las maniobras, las unidades regresarán a sus apostaderos habituales para continuar con el plan anual de actividades.
