
A doce meses de asumir la Cancillería tras el fin de la era Scholz, el líder de la CDU enfrenta una creciente polarización. El avance electoral de Alternativa para Alemania (AfD) tensiona el tablero político europeo y pone a prueba la estrategia de la coalición de gobierno.
El 6 de mayo de 2025 marcó un punto de inflexión para la política alemana con la asunción de Friedrich Merz como Canciller. Sin embargo, lo que se proyectaba como el inicio de una etapa de estabilidad conservadora bajo la hegemonía de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), ha derivado en un escenario de fragmentación y alerta democrática. Cumplido su primer año de mandato, el fenómeno que acapara la atención internacional no es solo el rumbo económico de la potencia europea, sino el crecimiento sostenido de la ultraderecha.
El ascenso de Alternativa para Alemania (AfD) ha dejado de ser un fenómeno regional en el este del país para convertirse en una fuerza con capacidad de condicionar la agenda nacional. Este avance marca un desafío directo para Merz, quien llegó al poder con la promesa de recuperar el voto conservador que se había desplazado hacia los márgenes, pero que hoy observa cómo la polarización se profundiza.
La erosión del centro político
El primer año de Merz ha estado signado por una compleja transición tras el gobierno de Olaf Scholz. Si bien el Canciller ha intentado imprimir un sello de mayor rigor fiscal y un endurecimiento de las políticas migratorias para contener el descontento social, los resultados electorales en diversos estados federados muestran que la ultraderecha sigue capitalizando el malestar.
La narrativa de AfD, centrada en la crítica a las instituciones europeas, el rechazo a la agenda verde y una retórica nacionalista, ha permeado en sectores de la clase media que se sienten vulnerables ante los cambios geopolíticos y económicos. Esta situación ha colocado a la CDU en una encrucijada estratégica: endurecer su discurso para evitar fugas de votos o mantener el «cordón sanitario» que históricamente ha aislado a las fuerzas radicales en el Bundestag.
Impacto en la Unión Europea
La fortaleza de la ultraderecha en la economía más grande de Europa no es un dato menor para el bloque regional. Con las elecciones al Parlamento Europeo en el horizonte, el «efecto alemán» genera preocupación en Bruselas. Un gobierno central en Berlín condicionado por una oposición de derecha radical podría traducirse en una menor flexibilidad para los acuerdos de integración y un endurecimiento de las políticas de fronteras comunes.
Friedrich Merz ha mantenido una postura de liderazgo firme en la OTAN y en el apoyo a Ucrania, diferenciándose claramente de las posiciones más cercanas a Moscú que suelen exhibir los cuadros de AfD. Sin embargo, la presión interna lo obliga a un equilibrio constante entre su visión europeísta y la necesidad de responder a un electorado local que exige soluciones inmediatas a la inflación y la crisis energética.
Un futuro incierto
El balance de este primer aniversario es agridulce para el oficialismo. Si bien Merz ha logrado estabilizar algunas variables macroeconómicas, el clima social en Alemania se percibe crispado. La capacidad del Canciller para rearmar el centro político y desactivar el crecimiento de las opciones extremistas será la clave que defina no solo el resto de su mandato, sino el rol de Alemania como motor de la democracia liberal en el siglo XXI.
