
La aerolínea low cost Flybondi atraviesa uno de los escenarios más complejos desde su desembarco en el mercado aerocomercial argentino. La crisis interna sumó un capítulo determinante en las últimas horas con la renuncia de su CEO, Paz Lovisolo, quien dejó la conducción de la compañía a menos de cuatro meses de haber asumido el cargo.
Según informaron fuentes del sector, Lovisolo no se desvinculará por completo de la actividad, sino que continuará ligada al grupo estadounidense COC Global Enterprise (propietario de la línea aérea), donde mantendrá sus funciones como presidenta y asesora legal. La firma aún no comunicó quién asumirá la vacante operativa ni la estrategia para contener el descontento de los usuarios.

Éxodo de directivos y ajuste interno
La salida de la máxima ejecutiva expone una profunda reestructuración institucional que incluyó la pérdida de referentes históricos y técnicos durante las últimas semanas:
Bajas en la cúpula: Dejaron sus puestos Lucía Ginzo (responsable de Asuntos Corporativos) y Federico Pastori (Director Comercial). Anteriormente, también se había alejado Mauricio Sana, ex CEO de la firma.
Recorte de personal: La empresa avanza en un duro proceso de achique que combina despidos, retiros voluntarios y suspensiones en diversas áreas operativas.
Conflictos gremiales: Se registran recurrentes reclamos laborales del personal técnico y de cabina por pagos salariales pendientes y falta de previsibilidad en los cronogramas de trabajo.

Flota paralizada y miles de usuarios afectados
El aspecto más crítico de la crisis se observa en las pistas. De acuerdo con datos del ámbito aeronáutico, Flybondi posee actualmente solo dos aeronaves en servicio, mientras que otros once aviones de su flota permanecen parados por falta de mantenimiento o deudas con los arrendadores. La escasez de flota provocó que en las últimas jornadas se operara con un único avión disponible.
Esta parálisis operativa se tradujo en estadísticas alarmantes: la empresa acumuló aproximadamente 2.500 vuelos cancelados a lo largo del último año, dejando varados o con reprogramaciones forzadas a más de 350.000 pasajeros. Los analistas estiman que la compañía requiere una inyección urgente de al menos US$ 25 millones para normalizar mínimamente sus frecuencias de vuelo.
Pese a los rumores sobre el posible interés de una corporación de transporte terrestre para adquirir la empresa, especialistas aerocomerciales descartaron la viabilidad de la transacción. Las fuentes señalaron que, bajo el actual esquema económico de «Cielos Abiertos» que rige en el país, resulta mucho más rentable iniciar un operador aéreo desde cero que absorber una marca con un elevado pasivo financiero y un serio deterioro en su reputación pública.
