
La cantidad de unidades productivas activas en la Argentina experimentó una fuerte contracción al registrarse un acumulado de más de 27.000 cierres de empresas en poco más de dos años. Los datos oficiales provistos por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) revelan el impacto directo de la recesión económica sobre el sector privado.
El informe, que releva exclusivamente a empleadores con al menos un trabajador registrado, detalla que en noviembre de 2023 el país contaba con 511.337 firmas activas. Hacia abril de 2026, esa cifra se redujo a 484.095, lo que representa una pérdida neta de 27.242 empresas empleadoras. Esta retracción vino acompañada por una sensible destrucción de 324.513 puestos de trabajo formales en el mismo lapso temporal.
La imagen de la persiana baja en un local comercial representa la realidad del sector minorista, que lideró las estadísticas de cierres con más de 7.200 comercios afectados.
Los sectores más golpeados El impacto de la crisis no se distribuyó de manera uniforme en la estructura productiva local. En términos absolutos, el comercio fue el rubro que más persianas bajó al perder 7.285 firmas (-4,9%). Sin embargo, el peor derrumbe porcentual lo anotó el sector de transporte y almacenamiento, que sufrió una caída del 16,3% (6.429 empresas menos).
El podio de las actividades más afectadas se completa de la siguiente manera:
Servicios inmobiliarios: -3.935 empleadores
Industria manufacturera: -3.551 empresas
Servicios profesionales: -2.580 firmas
Agricultura: -2.199 empleadores
Construcción: -1.898 empresas
En contraposición, apenas cinco sectores lograron expandir su base de empleadores, destacándose los servicios personales y de asociaciones (+2.023 firmas) y las actividades administrativas (+1.026).
La paradoja del empleo y la concentración de mercado El análisis detallado por la SRT revela una marcada disparidad entre la pérdida de empresas de baja escala y la destrucción de empleo real. La industria manufacturera, a pesar de no liderar en cantidad de cierres de firmas, fue por lejos la actividad que más puestos de trabajo registrados destruyó, sumando una pérdida de 81.795 empleos calificados.
Por su parte, la construcción (afectada por la paralización de la obra pública) perdió 74.840 puestos, mientras que el transporte y almacenamiento registró 65.605 empleos menos.
El reclamo por el sostenimiento de la actividad fabril se intensificó en los principales cordones industriales del país ante la pérdida de miles de empleos registrados.
En el sector comercial ocurrió el fenómeno inverso: aunque se perdieron más de 7.000 empleadores, solo se recortaron 9.543 puestos de trabajo. Esto demuestra que la enorme mayoría de los comercios que debieron cerrar sus puertas eran pymes de baja escala con muy pocos empleados a cargo.
Finalmente, actividades como la agricultura y la salud redujeron su cantidad de empresas prestadoras pero sumaron 28.223 y 15.970 trabajadores, respectivamente, evidenciando procesos de concentración de mercado. En tanto, la administración pública nacional registró la incorporación de 67 nuevas unidades operativas pero, en paralelo, despidió a 63.535 trabajadores de sus dependencias.
