
El firmamento guarda desde ahora un profundo vínculo con el talento local. Una astrónoma oriunda de la ciudad de Bahía Blanca recibió un reconocimiento internacional de gran magnitud al ser bautizado un asteroide con su apellido, en un homenaje formal a su destacada trayectoria en el ámbito de las ciencias planetarias. La protagonista de este hecho histórico es Irina San Sebastián, quien reconoció que la noticia la tomó por completo por sorpresa y significó un punto de inflexión anímico y profesional en su carrera.
La formación académica de San Sebastián tuvo sus cimientos iniciales en Bahía Blanca, desde donde posteriormente se trasladó para continuar con su perfeccionamiento en la Universidad Nacional de La Plata, casa de altos estudios en la cual cursó la Licenciatura en Astronomía. Su recorrido científico continuó con la obtención de un doctorado y la posterior realización de un postdoctorado mediante el respaldo de becas otorgadas por el CONICET. En la actualidad, su labor investigativa se desarrolla en el prestigioso Politécnico de Milán, en Italia, donde profundiza en los misterios del espacio profundo.
El bautismo espacial no provino de una postulación personal, sino que se gestó a partir de una iniciativa impulsada por la comunidad científica internacional. La propuesta fue elevada formalmente por un colega y evaluada de manera exhaustiva por la comisión de nomenclatura de la Unión Astronómica Internacional (IAU), el organismo con la potestad y la responsabilidad de oficializar este tipo de designaciones en el espacio exterior.
Al ser entrevistada en el programa Nunca es Tarde, emitido por La Brújula 24, la científica detalló cómo se enteró de la distinción: «Fue una locura para mí, porque en realidad no es que una persona puede aplicar o pedir que se te nombre». El impulsor de la nominación fue el investigador uruguayo Gonzalo Tancredi, quien decidió elevar su nombre tras seguir de cerca sus pasos en la disciplina.
Para la investigadora, el hecho de que la propuesta haya nacido de un par sudamericano aportó un valor simbólico diferencial. «Me significó también un valor agregado porque es una persona que me conoce desde mis principios, desde mi primera charla en congresos, ha visto mi recorrido, incluso fue evaluador de mi tesis doctoral», remarcó con emoción, destacando los lazos de fraternidad y respeto que trascienden las fronteras nacionales en el ámbito académico.
En cuanto al objeto estelar que lleva su apellido, el cuerpo celeste fue descubierto originalmente en el año 2000 por el programa LINEAR y, hasta el momento de recibir su nomenclatura definitiva, era identificado bajo la fría denominación alfanumérica de 2000 RG62.
El eje central de las investigaciones de San Sebastián se aboca al estudio de los denominados asteroides tipo «rubble pile» o «pilas de escombros». A diferencia de los meteoritos tradicionales, estos cuerpos no se encuentran constituidos por una roca única y compacta, sino que están formados por una multiplicidad de fragmentos y bloques rocosos que se mantienen unidos fundamentalmente por la acción de su propia gravedad. Comprender en detalle la morfología, la física y el comportamiento estructural de estos cuerpos resulta vital para la comunidad científica global, ya que permite diseñar y perfeccionar estrategias concretas de defensa planetaria ante eventuales trayectorias de riesgo.
Al repasar su evolución profesional, la astrónoma recordó sus primeros pasos: «Yo antes en La Plata trabajaba en formación planetaria, en cómo se forman los planetas. Desde La Plata, más desde un punto de vista teórico y numérico con simulaciones de computadora». En la actualidad, su metodología de trabajo se ha ampliado hasta incorporar complejos experimentos de laboratorio orientados a simular y analizar cómo reaccionan las superficies de estos asteroides complejos en condiciones de gravedad reducida.
Durante la charla radial, la especialista también reflexionó sobre el rol de la divulgación científica, señalando que el monitoreo constante de los asteroides que transitan cerca de la Tierra es una tarea rutinaria y permanente para los astrónomos de todo el mundo. En este sentido, hizo hincapié en la necesidad de comunicar estos fenómenos astronómicos con rigurosidad y precisión técnica, evitando caer en alarmismos que solo generan temor innecesario en la población.
Consultada sobre los orígenes de su pasión por desentrañar los enigmas del cosmos, San Sebastián recordó que su vocación nació en la infancia: «Desde chiquita que quería ser astrónoma, creo que un poco influenciada por mi abuelo materno, que era muy fanático de la astronomía, veía Cosmos, y la película Contacto para mí fue un antes y un después».
Finalmente, de cara al futuro y pese a estar afianzada en el Viejo Continente, la astrónoma dejó en claro su anhelo de retribuir al sistema científico de su país natal. «Me gustaría volver a hacer ciencia en Argentina y poder trabajar en tema de experimentos, laboratorios relacionados con ciencias planetarias, ya sea creando un laboratorio específico para eso o trabajando en alguno que esté comenzando», concluyó, dejando abierta la puerta para un futuro retorno a territorio nacional.
