
La maternidad, las estructuras del hogar y la vida familiar atraviesan mutaciones sociológicas y culturales profundas en la República Argentina. En la actualidad se observan reconfiguraciones drásticas en la valoración de tener hijos, profundas modificaciones en la composición de los hogares y la emergencia de crecientes tensiones cotidianas para conciliar las tareas de cuidado con el desempeño laboral, el descanso y la realización de proyectos personales.
En vísperas de la celebración del Día de la Madre, un compendio de investigaciones desarrolladas por el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad, perteneciente al Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral, permitió articular esas transformaciones dentro de una exhaustiva radiografía social. El trabajo se fundamenta en los datos procesados del Estudio Longitudinal sobre Familia en Argentina —con mediciones históricas en los años 2000, 2005, 2015 y 2025—, una encuesta online efectuada a 1.028 personas mayores de 18 años entre octubre de 2025 y abril de 2026, y el análisis comparativo de estadísticas oficiales provistas por el Ministerio de Salud de la Nación y el INDEC.
Uno de los indicadores más elocuentes expresados en el informe técnico refiere a la composición de los hogares monoparentales relevados en el territorio nacional: el 73,9% de estas estructuras familiares tiene a una mujer al frente de la jefatura de hogar. Este resultado adquiere una dimensión de análisis aún mayor al vincularlo con los datos sobre la distribución de las responsabilidades domésticas y la percepción diferenciada que varones y mujeres poseen respecto a las exigencias de su entorno directo.
Mayor demanda familiar sobre las mujeres y brecha en el cuidado
Al profundizar en la vivencia cotidiana de los roles intrafamiliares, el estudio revela marcadas asimetrías de género. Frente a la premisa enunciada “Mi familia me demanda mucha dedicación”, el 30,4% de las mujeres encuestadas manifestó un alto nivel de acuerdo, en contraste con el 22,2% de los varones que afirmaron sentirse en igual condición.
Sin embargo, cuando la indagación se orienta hacia la autoevaluación sobre el cumplimiento del propio rol dentro del núcleo familiar, la relación porcentual se invierte de forma notoria: el 67% de los varones considera que cumple su rol de manera plenamente satisfactoria, mientras que entre las mujeres ese indicador desciende al 61,3%. Esta brecha permite identificar dos dimensiones de una misma dinámica social: las mujeres expresan experimentar con mayor severidad e intensidad las demandas del entorno familiar, mientras que los hombres manifiestan una autopercepción significativamente más positiva respecto de su desempeño.
Esta disparidad se consolida al examinar los patrones de responsabilidad en el cuidado de terceros. Si bien la probabilidad estadística de brindar asistencia o cuidar a algún familiar no muestra variaciones sustanciales entre ambos sexos, la brecha de género reaparece al determinar quién asume la jefatura de dicha tarea: entre el universo de personas que cuidan, el 60,6% de las mujeres se desempeña como la cuidadora principal del hogar, frente al 44,4% de los varones que asumen esa responsabilidad prioritaria.
La familia sigue siendo la principal fuente de satisfacción
A pesar de las tensiones latentes y la sobrecarga detectada, las transformaciones en torno a la maternidad conviven con un dato de fuerte centralidad: la vida familiar se mantiene de manera inquebrantable como el eje de mayor gratificación para la sociedad argentina.
Al consultar a los encuestados sobre su principal fuente de satisfacción personal, el 43,2% de los participantes seleccionó la vida familiar, aventajando por un margen sustancial a opciones como la carrera profesional u ocupación (12,7%), las prácticas deportivas y la recreación (12,1%), los vínculos de amistad (12%), los viajes y esparcimiento (9,9%) y la vivencia de la religión o espiritualidad (8,7%).
Asimismo, la relevancia asignada a la vida en familia experimenta un incremento exponencial a medida que avanza la edad de las personas. Representa la fuente primordial de satisfacción para el 23,7% del segmento joven de 18 a 34 años; sin embargo, el guarismo escala abruptamente al 58,5% en el grupo de 35 a 49 años, asciende al 60,2% entre las personas de 50 a 64 años y alcanza un pico del 71,4% entre los adultos mayores de 65 años.
Estos hallazgos ponen de manifiesto una paradoja social constitutiva: mientras disminuye de forma marcada la consideración de la maternidad y la crianza como elementos indispensables para la realización personal, la familia continúa consolidada como el principal refugio de bienestar subjetivo.
Tener hijos pierde centralidad como proyecto de vida
Uno de los vectores de cambio más contundentes identificados por el Estudio Longitudinal sobre Familia en Argentina radica en el cambio de paradigma generacional respecto a la paternidad y maternidad. En la medición correspondiente al año 2015, el 77% de la población encuestada le otorgaba una alta importancia a tener y criar hijos para garantizar la calidad de vida familiar. En la medición de 2025, dicha proporción se desplomó al 46%, registrando una caída drástica de 31 puntos porcentuales en el lapso de una década.
Al desagregar los datos por franjas etarias, la brecha se amplifica: dentro del colectivo de jóvenes de 18 a 34 años, solo un 34% considera muy importante la maternidad y la crianza dentro de su proyecto familiar.
Esta tendencia se clarifica al analizar las motivaciones de quienes no tienen hijos y declaran formalmente no desear tenerlos en el futuro. Dentro de este grupo representativo de la muestra (89 personas), el 57,3% argumenta como razón principal que “no es su proyecto tener hijos”. Por detrás se ubican la falta de una pareja estable (38,2%), la preferencia por viajar o vivir nuevas experiencias (32,6%), la prioridad otorgada al desarrollo y crecimiento profesional (30,3%), la inestabilidad económica y financiera (22,5%) y el rechazo a la maternidad en el contexto mundial actual por factores sociales, ambientales o políticos (22,5%).
Los resultados permiten inferir que la caída en la natalidad y la renuncia a la maternidad no obedecen exclusivamente a restricciones o privaciones de índole económica, sino que responden a una reestructuración de las expectativas individuales, la escala de valores y las prioridades de vida.
El desafío de conciliar el cuidado, el descanso y los proyectos personales
Para aquellas mujeres que ejercen el rol de cuidadoras principales, el impacto de estas tareas sobre la cotidianeidad resulta severo y condicionante. Entre las mujeres identificadas en este rol, el 54% manifiesta que el cuidado le dificulta de forma recurrente descansar lo suficiente, en comparación con el 30% de los varones. Adicionalmente, un 44% de las mujeres cuidadoras asevera que la carga de atención le impide sostener un proyecto personal o profesional propio, mientras que entre los hombres dicha problemática solo afecta al 10%.
La intensidad de la sobrecarga resulta igualmente crítica: cuatro de cada diez cuidadores principales relevados en el país presentan cuadros de sobrecarga intensa. Cuando la persona sujeta a cuidado es un hijo o hija menor de 18 años, la prevalencia de sobrecarga severa se eleva al 48,4%.
En este escenario, la búsqueda de mecanismos de conciliación entre la vida laboral y la familiar se alza como uno de los principales retos sociales de la época. Entre las medidas de flexibilización laboral que podrían incentivar la decisión de tener hijos, la autonomía en la gestión del tiempo y la flexibilidad horaria se posicionan como las demandas más valoradas por los encuestados. La radiografía confeccionada por la Universidad Austral demuestra que el sostenimiento de la maternidad en la Argentina actual trasciende lo meramente económico, exigiendo transformaciones estructurales para articular el trabajo, el cuidado, el descanso y la realización personal de las mujeres.
