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El financiamiento sostenible y la inversión de impacto muestran señales de desaceleración en Argentina

Un informe de la Universidad Austral y Fundación Alimentaris reveló que el financiamiento bancario sostenible cayó un 17% en términos reales entre 2023 y 2025, evidenciando además una marcada concentración territorial donde la región central concentra el 88% de los proyectos receptores.

El financiamiento sostenible y la inversión de impacto en la República Argentina comenzaron a mostrar claras señales de pérdida de dinamismo y estancamiento. Este escenario se encuentra atravesado por una pronunciada concentración territorial de las organizaciones receptoras en pocas provincias y por crecientes dificultades estructurales para conectar a los inversores del mercado con aquellos proyectos que buscan generar resultados sociales y ambientales positivos.

Así lo revela con precisión el informe titulado Mapeo de inversión de impacto en Argentina 2025, elaborado de forma conjunta por el Centro de Estudios en Sustentabilidad e Innovación Social (CESIS) de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral y la Fundación Alimentaris. El relevamiento identificó durante el año 2025 un total de USD 2.171 millones movilizados en financiamiento sostenible e inversión de impacto, distribuidos en 543.735 operaciones concretas. Del capital total relevado, el 92% correspondió a instrumentos tradicionales de financiamiento sostenible, mientras que el 8% restante se canalizó mediante inversiones de impacto directo, dos modalidades afines pero con criterios y métricas de clasificación heterogéneas.

«En América Latina, la información sobre inversión de impacto está fragmentada debido a que no hay metodologías de medición consensuadas y buena parte de los datos no es pública. Por estas razones, el actual mapeo es tan relevante, ya que pone a disposición información abierta para dimensionar cuánto capital movilizan el financiamiento sostenible y la inversión de impacto en Argentina. Desde hace ocho años, la Universidad Austral construye esta evidencia en alianza con actores del ecosistema», resaltó Fernanda Figueroa, directora del Mapeo e investigadora asociada del CESIS de la Universidad Austral.

En esa misma línea, Eugenia Concina Haín, directora de Programas de Prosperidad de la Fundación Alimentaris, sostuvo: «Construir evidencia rigurosa y comparable en el tiempo es clave para entender un mercado que todavía está en formación. Los datos muestran que el desafío no es solo movilizar más capital, sino generar las condiciones para que llegue a proyectos con impacto medible y retornos sostenibles. Este mapeo es un logro colectivo, fruto de un ecosistema de organizaciones activas y perseverantes, y esperamos que ayude a orientar decisiones para fortalecerlo».

El retroceso en los bancos, bonos y fondos de inversión

Uno de los hallazgos centrales del informe es la contracción del financiamiento sostenible canalizado a través del sistema bancario tradicional. Sobre la base de una muestra constante de seis entidades financieras, el volumen de créditos sostenibles registró una disminución acumulada del 17% en términos reales entre 2023 y 2025, lo que representa una caída del 12% cuando los montos se expresan en dólares corrientes. En cifras absolutas, este segmento pasó de movilizar USD 1.287 millones en 2023 a USD 1.223 millones en 2024, desacelerándose hasta los USD 1.136 millones en 2025.

La pérdida de impulso también se evidenció con fuerza en el mercado de capitales. Las emisiones de bonos sociales, verdes y sustentables (SVS) alcanzaron los USD 472 millones durante 2025, lo que representa un derrumbe del 48% en comparación con 2023, cuando se había registrado un pico histórico de USD 910 millones. Asimismo, la participación de los bonos SVS sobre el total de obligaciones negociables colocadas en el mercado local cayó del 12% en 2023 a menos del 3% en 2025.

Esta tendencia negativa se replicó en las inversiones de impacto realizadas por fuera del circuito bancario y bursátil. Al tomar un panel constante de inversores y excluir operaciones extraordinarias de gran volumen, el capital invertido en 2025 cayó un 17% respecto al promedio anual del período 2023-2024, con una reducción cercana al 30% en la cantidad de operaciones concretadas. Los autores del estudio aclararon que estas comparaciones corresponden a muestras constantes de entidades y no deben extrapolarse de forma automática a la totalidad del mercado.

Brecha territorial: la concentración en la región central

La distribución geográfica del capital constituye otro de los grandes escollos del sector. El informe detalla que el 88% de las organizaciones receptoras de inversión de impacto relevadas opera concentrado en cuatro jurisdicciones: la provincia de Buenos Aires, Córdoba, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y Santa Fe.

La provincia de Buenos Aires encabeza la nómina representando por sí sola el 51% de la muestra, seguida por Córdoba con el 16%, CABA con el 14% y Santa Fe con el 7%. Muy por detrás se ubica Tucumán con el 3%, mientras que el 9% restante se distribuye atomizado entre organizaciones de Chaco, Misiones, Salta, La Pampa, La Rioja y Mendoza. Esta disparidad deja en evidencia la urgente necesidad de promover instrumentos que faciliten el acceso al financiamiento en el resto de las economías regionales para construir un mercado verdaderamente federal.

Plazos cortos y exigencia de rentabilidad de mercado

El estudio permitió desglosar también la naturaleza de las operaciones privadas. Durante 2025 se identificaron 96 inversiones de impacto por un total de USD 179 millones, impulsadas por 50 inversores y dirigidas a 87 organizaciones receptoras. Si se excluyen las grandes transacciones extraordinarias, el monto efectivo se ubica en USD 39 millones repartidos en 93 operaciones. De ese total, seis de cada diez inversiones registraron montos inferiores a los USD 150.000.

En materia de plazos, el 83% de las operaciones se estructuró a tres años o menos (el 78% entre uno y tres años, y el 5% a menos de un año), una característica de cortoplacismo que condiciona el financiamiento de proyectos ambientales y sociales que requieren períodos de maduración más extensos.

Por otro lado, el informe derriba el mito de que la inversión de impacto implica renunciar a la ganancia económica: el 95% de las inversiones buscó obtener una rentabilidad igual o superior a la del mercado (66% aspiró a rendimientos equivalentes y 29% a resultados superiores), mientras que solo el 5% aceptó retornos por debajo de la media.

La desconexión entre la oferta de capital y los proyectos

El informe identifica como problema estructural una profunda desconexión entre la oferta y la demanda. El 42% de los inversores consultados argumentó restricciones vinculadas a la disponibilidad de capital, mientras que el 40% de las organizaciones receptoras manifestó serias dificultades para hallar inversores que compartan sus mismos objetivos de impacto.

A esta traba se le suma la necesidad de capacitar a las organizaciones para formular proyectos técnicamente sólidos, y el reto de que los inversores incorporen métricas socioambientales de forma estratégica. En cuanto al destino de los fondos, el 48% se orientó a objetivos sociales, el 29% a proyectos sustentables y el 20% a fines ambientales, destacándose los sectores agroalimentario, de la salud y la manufactura con componentes tecnológicos.

Finalmente, el 68% de los actores consideró clave medir el impacto generado, aunque advirtieron que los costos y la falta de metodologías unificadas pueden transformarse en barreras burocráticas para los emprendimientos más pequeños.

El informe fue presentado formalmente en la sede Cerrito de la Universidad Austral en un encuentro que reunió a referentes del sector como Emilia Cerra (GSG Impact), Karina Katz (Oikocredit), Pablo Perretta (ACA), Charlie Rivero Haedo (Zafrán), Thiago Lespade (Resiliencia SGR) y Virginia Romero (Ekhos). El trabajo de investigación fue elaborado por María Fernanda Figueroa Herrera, Estefanía Solari, Gonzalo Bernat y Federico de Cristo, junto a la Fundación Alimentaris y el apoyo de entidades como GDFE, Sumatoria, SMS, El Núcleo, Ekhos y Oxygen Partners.

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