
Facundo Borri, referente de los comerciantes bahienses, expresó su profunda preocupación por la lenta llegada de la ayuda a los damnificados por la inundación del 7 de marzo. Muchos negocios ya cerraron sus puertas, enfrentando deudas y el devastador impacto de la inflación y los altos impuestos, que Borri considera «la estocada final» para un sector ya golpeado.
La ciudad de Bahía Blanca aún se recupera de la devastadora inundación del 7 de marzo, pero para muchos comerciantes, la resiliencia se topa con una cruda realidad económica. Facundo Borri, quien se ha convertido en una voz clave del sector, manifestó esta mañana su honda preocupación por la demora en la asistencia y el complejo panorama que enfrentan aquellos que perdieron todo o gran parte de sus negocios.
Borri no dudó en señalar que la situación es crítica: «Muchos comerciantes que tuvieron que cerrar sus negocios ya lo han hecho». Esta afirmación es un grito de alarma, ya que la ayuda que, según él, «llega ahora puede ser necesaria para pagar deudas y costos fijos». Es decir, para cuando el auxilio aparece, el daño ya está hecho y la necesidad es más bien para saldar pasivos que para la reactivación. Además, enfatizó una verdad dolorosa para el sector: «Cerrar un negocio implica quedar endeudado con impuestos y otros gastos», una mochila pesada que se suma al trauma de la pérdida.
El referente de los comerciantes destacó la dificultad «de recuperar un negocio después de una inundación». Para ilustrar la magnitud del desafío, citó el caso de una comerciante que «gastó cuatro millones de pesos en carpintería para su local», un monto exorbitante que evidencia el costo de rearmar una infraestructura básica. A esto se suma el exorbitante costo de «la reposición de mercadería y mobiliario», un factor agravado por la persistente inflación y los ajustes económicos que han tenido que soportar los comerciantes en los últimos años. En un país con una economía inestable, cada peso de inversión es una apuesta de alto riesgo.
Más allá del desastre natural, Borri puso el foco en lo que considera un problema estructural que ahoga al comercio local: «La inflación y los impuestos altos». Para él, estos factores son un «problema estructural que afecta a los comerciantes», y la inundación, tristemente, ha sido la «estocada final» para muchos que ya venían luchando por mantenerse a flote. La vulnerabilidad del sector se acentúa con el ajuste trimestral de los alquileres, que se indexan con la inflación, generando una carga financiera insostenible para aquellos que apenas logran subsistir. «Los alquileres que ajustan trimestralmente con la inflación también son un desafío para los comerciantes», lamentó Borri, pintando un cuadro desolador para quienes buscan estabilidad.
La voz de Borri no solo es un lamento, sino también un llamado a la acción. En resumen, su mensaje es claro: «destaca la importancia de una ayuda rápida y efectiva para los comerciantes afectados por la inundación». Pero, al mismo tiempo, va más allá, exigiendo «la necesidad de abordar los problemas estructurales que enfrentan los comerciantes en la ciudad». La recuperación no solo pasa por reparar lo dañado, sino por construir un ecosistema económico más justo y sostenible que evite que desastres futuros, o incluso la propia inestabilidad económica, vuelvan a golpear con tanta fuerza. La urgencia de soluciones integrales es el pedido unánime de los comerciantes bahienses, quienes luchan por no quedar a la deriva en un mar de deudas y desesperanza.
