
La industria argentina sufrió un nuevo y duro golpe durante la segunda quincena de noviembre con el cierre de cinco plantas productivas que resultaron en la desvinculación de más de 400 trabajadores en tres provincias. Las firmas Whirlpool, Essen, Luxo, Vulcalar y Dana justificaron las decisiones por la profunda retracción del consumo interno y la creciente competencia de productos importados, mientras la Unión Industrial Argentina (UIA) advierte sobre una «competencia desleal» generada por el alto costo local.
Durante apenas quince días, el sector productivo nacional sintió el impacto de la desaceleración económica y el cambio en las condiciones de mercado. Los cierres y reestructuraciones afectaron a rubros clave como la metalurgia, los electrodomésticos, el textil y las autopartes en las provincias de Buenos Aires, La Rioja y San Luis. Esta situación se enmarca en un contexto de caída productiva que, según informes sectoriales, ha registrado un proceso de deterioro constante con la pérdida de miles de puestos de trabajo registrados en unidades productivas industriales durante el último año.
Electrodomésticos y metalurgia golpeados en Buenos Aires
El mayor impacto en términos de cantidad de desvinculaciones se registró en la provincia de Buenos Aires, dentro del segmento de electrodomésticos.
Whirlpool anunció el cierre definitivo de su planta de producción en Pilar, dejando sin empleo a 220 personas entre áreas de fabricación, ingeniería y calidad. La compañía explicó que la medida responde a la imposibilidad de sostener un modelo de negocio operativo y competitivo en un escenario de fuerte baja del consumo y un incremento significativo de la oferta importada. La estrategia de la multinacional apunta a una transición hacia una operación de carácter netamente comercial en el país.
En la misma localidad, la tradicional fábrica de ollas Essen también realizó ajustes en su plantilla, despidiendo a 34 trabajadores, entre personal efectivo y eventual, afectando principalmente a los sectores de fundición, mecanizado y terminación. A diferencia de otros casos, la empresa indicó que estas medidas se relacionaron «exclusivamente con la baja de la demanda» y no con la fabricación importada de sus productos.
Doble cierre textil en La Rioja y el factor importación
La industria textil, uno de los sectores más vulnerables a la competencia externa, recibió un golpe contundente en La Rioja.
La firma Luxo finalizó sus operaciones y desvinculó a 40 empleados, completando un proceso de recortes que había comenzado meses atrás. Por su parte, en Sanagasta, la empresa Vulcalar detuvo su producción, dejando sin remuneración a cerca de 80 trabajadores, un parate que reduce drásticamente las opciones laborales en la zona.
La secretaria de Trabajo provincial, Miriam Espinoza, confirmó que las autoridades locales y los sindicatos han intervenido para intentar mediar en el proceso y buscar alternativas para preservar los puestos, aunque las resoluciones vinculadas a las indemnizaciones del personal permanecen pendientes. El caso riojano expone la dificultad de las ramas intensivas en mano de obra para sostener su competitividad ante la irrupción de productos extranjeros de bajo costo y los altos costos logísticos.
Autopartes y riesgo de empleo indirecto en San Luis
El sur del país también se vio afectado por el cese de una actividad clave. Dana, radicada en Naschel, San Luis, anunció el cierre definitivo de su planta autopartista, despidiendo a 50 trabajadores. La fábrica se dedicaba a la producción de piezas para transmisiones, enfocada en el mercado de reposición.
El gremio local no solo se preocupa por los despidos directos, sino que también advierte sobre la posible pérdida de alrededor de 40 empleos indirectos asociados a la actividad de la planta, profundizando la crisis en la comunidad de Naschel.
Alerta de la UIA: alta presión fiscal y «costo argentino»
Ante esta sucesión de cierres, la Unión Industrial Argentina (UIA) se pronunció, reiterando su preocupación por la tendencia y exigiendo medidas urgentes al gobierno. La entidad fabril solicitó una menor carga impositiva y advirtió sobre la «competencia desleal» que enfrenta la producción local.
Según la UIA, si bien apoyan una agenda de integración comercial, esta debe estar acompañada de una agenda de competitividad interna que elimine el denominado «costo argentino». La alta presión fiscal, la informalidad, la falta de acceso a crédito, los costos logísticos elevados y la inestabilidad macroeconómica combinan un escenario donde la competencia contra importaciones de bienes finales, a menudo subsidiadas en sus países de origen, se vuelve inviable para las pymes y grandes empresas nacionales. El sector insiste en que las barreras tributarias y de costos deben ser atacadas con urgencia para evitar que más empresas bajen las persianas y el Parque Industrial nacional se siga deteriorando.
