
Un informe de la Fundación Soberanía Sanitaria revela un aumento del 6,25% en la tasa de fallecimientos de menores. Especialistas advierten que el dato rompe con una tendencia a la baja sostenida desde el año 2000 y lo asocian a la caída de programas preventivos y el avance de la pobreza.
La salud pública argentina enfrenta un indicador crítico que ha encendido las alarmas en la comunidad médica. Tras más de veinte años de descenso ininterrumpido, la tasa de mortalidad infantil registró un retroceso significativo durante el último año. Según datos de la Fundación Soberanía Sanitaria, la cifra pasó de 8 por cada mil nacimientos en 2023 a 8,5 en 2024, lo que representa el salto más brusco desde la crisis del año 2002.
El pediatra Pablo Benassati analizó este fenómeno y señaló que, aunque Argentina todavía mantiene indicadores competitivos respecto a la región —equiparándose con Uruguay y apenas por detrás de Chile—, el cambio de tendencia es preocupante. «Es un dato que corta con una disminución sostenida. Si bien la mortalidad bajó a la mitad respecto a los valores del año 2000 (cuando era de 16,6 por mil), este aumento merece un seguimiento epidemiológico estricto y la aplicación inmediata de políticas públicas», afirmó el profesional.
Los factores detrás del aumento
La comunidad médica asocia este incremento a una combinación multicausal donde la situación socioeconómica y el desfinanciamiento de áreas específicas del Estado juegan un rol preponderante. Entre los motivos principales se destacan:
Debilitamiento de programas preventivos: El informe vincula la suba al cierre o desarticulación de planes como el de Patologías Congénitas, el programa Sueño Seguro y la suspensión en la entrega de medicamentos esenciales.
Caída en la vacunación: Benassati advirtió que tras la pandemia se profundizó una baja en la cobertura de inmunización. «El calendario sigue siendo completo, pero la gente no está vacunando. Esto provocó la reaparición de enfermedades que creíamos controladas, como el sarampión y la tos convulsa», detalló.
Controles prenatales y pobreza: El aumento de la indigencia impacta directamente en la nutrición materna y el acceso a los controles de salud durante el embarazo, factores determinantes para la supervivencia del recién nacido.
Un llamado a la acción
Para el pediatra, gran parte de estas muertes son calificadas como «evitables», lo que agrava la responsabilidad institucional sobre el tema. «La pobreza siempre deja como consecuencia el aumento de las muertes por el bajo acceso a la salud. No podemos conformarnos con estar bien posicionados en la región si estamos perdiendo terreno en políticas de salud materno-infantil que ya estaban consolidadas», concluyó Benassati.
El incremento del 6,25% obliga a las autoridades sanitarias a revisar la distribución de recursos y la trazabilidad de los programas de atención primaria para evitar que el indicador continúe su escalada durante el presente año.
