
La formación doctoral, históricamente asociada a la excelencia académica y la generación de conocimiento, se encuentra atravesada por tensiones estructurales que amenazan la continuidad de sus estudiantes. Un reciente estudio internacional advierte sobre un escenario marcado por el estrés, la soledad y dificultades concretas en el acompañamiento académico, revelando que casi 9 de cada 10 doctorandos reportan problemas de supervisión.
La investigación, que analizó más de 90 trabajos académicos publicados entre 2015 y 2025, contó con la participación de Julio Durand, profesor de la Universidad Austral (Argentina), junto a Gerardo Alfredo Rodríguez y Andrés Chiappe, de la Universidad de La Sabana (Colombia).
Entre los principales obstáculos detectados, destacan problemas relacionados con la salud mental (alta incidencia de ansiedad y depresión), falencias en la calidad de la dirección, dificultades personales y condiciones institucionales adversas. El vínculo con los directores de tesis aparece como un factor crítico: los estudiantes acusan falta de acompañamiento, devoluciones tardías o poco claras y escasa orientación general.
El rol emergente de la inteligencia artificial
Frente a esta problemática, la inteligencia artificial (IA) se posiciona como una alternativa para aliviar las tensiones del proceso. Aunque su implementación en los programas de doctorado aún está en sus inicios, el uso práctico ya es una realidad insoslayable. Según el estudio, casi el 50% de los doctorandos recurre a herramientas de IA para mejorar la escritura académica, organizar grandes volúmenes de información, buscar bibliografía o estructurar sus proyectos.
Los investigadores señalan que la tecnología podría tener un impacto aún mayor al ofrecer devoluciones inmediatas y personalizadas, detectar tempranamente riesgos de abandono o estancamiento, y automatizar tareas repetitivas.
De esta manera, la IA funcionaría como un gran complemento para la supervisión docente, permitiendo optimizar el seguimiento y enriquecer los encuentros entre el director y el estudiante, enfocándolos en los aspectos verdaderamente estratégicos de cada investigación.
Hacia un modelo de “supervisión híbrida”
El trabajo propone avanzar hacia un esquema donde el acompañamiento humano se potencie con los recursos tecnológicos. En este modelo híbrido, el director de tesis mantendría la centralidad en el juicio crítico y la orientación, mientras que la IA aportaría velocidad, disponibilidad continua y capacidad de procesamiento.
“Estamos frente a una oportunidad para repensar el doctorado desde una lógica más acompañada. La inteligencia artificial puede ayudar a reducir la sensación de soledad del investigador, mejorar los tiempos de trabajo y fortalecer el vínculo con los directores, siempre que se utilice con criterios claros y como complemento del trabajo académico”, destacó Julio Durand, coautor del informe.
No obstante, los académicos advierten que la incorporación de estas herramientas debe realizarse con cautela. Existen desafíos clave como evitar la dependencia tecnológica, garantizar la equidad en el acceso, mantener la calidad del conocimiento y sostener la rigurosidad propia del nivel. Por ello, insisten en la necesidad de establecer normas claras y capacitar tanto a estudiantes como a docentes, asegurando que la tecnología opere siempre como un apoyo y no como un reemplazo del esfuerzo intelectual
