
En lo que constituye una de las medidas más insólitas y efectistas de la política local reciente, el presidente del Concejo Deliberante de Coronel Rosales, Pablo Ariel Gómez, montó un insostenible espectáculo mediático al anunciar con bombos y platillos la eliminación del servicio de café para los ediles. Presentada bajo el eslogan de reducir gastos del cuerpo legislativo, la decisión de cortar el suministro de infusiones e insumos de consumo personal —obligando a los ediles a llevar sus propias tazas y saquitos de té— rozó el ridículo institucional y desató un ola de indignación y burlas tanto en el arco político como en la comunidad rosaleña.
Lejos de encarar una reforma presupuestaria seria que recorte sueldos, asesores o partidas sobredimensionadas, Gómez optó por la salida más barata y demagógica: escudarse en el lema de la lucha contra «los privilegios» por el equivalente a un par de paquetes de café molido. Para coronar la maniobra publicitaria, el titular del cuerpo deliberativo apeló a frases hechas para intentar ganarse el aplauso fácil: “Se acabaron los privilegios a costa de los vecinos. Que la casta financie su propia actividad”, sentenció, buscando convertir la compra de azúcar y yerba en una supuesta épica moral contra la clase política.
Sin embargo, el absurdo intento de posicionarse como un cruzado de la austeridad quedó desexpuesto al contrastarse con la realidad matemática de las arcas públicas. El gasto en infusiones dentro del Concejo Deliberante representa un porcentaje infinitesimal e irrelevante dentro del presupuesto millonario del municipio de Coronel Rosales. En términos fiscales, el supuesto ahorro no le mueve la aguja a ningún vecino, no genera un solo centavo de mejora en las tasas municipales ni financia una sola obra pública, transformando la resolución en una burda actuación de utilería sin impacto económico real.
La iniciativa desató duras críticas que dejaron al descubierto la ineficiencia y la falta de rumbo de la conducción del Concejo. Diversos sectores políticos y comunitarios coincidieron en señalar que resulta una verdadera humillación para las instituciones de Punta Alta que la máxima autoridad legislativa ocupe su tiempo y recursos públicos en debatir cómo se financia un pocillo de café, mientras el distrito padece graves deficiencias en materia de infraestructura vial, deficiencias en los servicios de salud, inseguridad y un estado generalizado de abandono urbano.
Lejos de ser percibida como una señal de disciplina republicana, la cruzada del café de Pablo Ariel Gómez terminó por ridiculizar la labor parlamentaria, exponiendo una absoluta desconexión con las prioridades reales de los ciudadanos. Mientras los vecinos exigen proyectos de ordenanza transformadores, gestión de fondos y soluciones concretas para los problemas estructurales del distrito, la presidencia del Concejo Deliberante de Coronel Rosales prefirió concentrar su «agenda de gobierno» en una medida de bajo vuelo que dejó a la vista el costado más pobre y tribunero de la política local.
