
La Policía Federal Argentina detuvo en el barrio porteño de Flores a Luis Fernando Fernández Albín, considerado uno de los narcotraficantes más influyentes de Uruguay y señalado por su cercanía con Sebastián Marset, uno de los capos de mayor peso en la región. El procedimiento se concretó luego de que Interpol emitiera una circular roja en su contra, lo que permitió avanzar en su localización y posterior arresto. La operación representó un paso clave dentro de los esfuerzos internacionales para desarticular redes criminales con presencia transnacional.
Fernández Albín fue interceptado por la división Operaciones Federales de la Superintendencia de Investigación contra el Narcotráfico de la PFA en la calle Terrero al 100, en pleno barrio de Flores. De acuerdo con fuentes del caso, el narco había ingresado en junio al país y permanecía oculto en un departamento ubicado sobre la avenida Rivadavia al 6300. Su expediente quedó bajo la órbita de la jueza María Romilda Servini, con la intervención de PROCUNAR a cargo del fiscal Diego Iglesias. La captura se concretó en el marco de la operación Nueva Era 2, que incluyó otras tres detenciones, entre ellas, la pareja de Albín, y derivó en el secuestro de dos toneladas de droga en una chacra de Punta Espinillo.
En medio del despliegue, el ministro del Interior uruguayo, Nicolás Negro, destacó la determinación de las fuerzas frente al avance criminal. “Estamos ejerciendo la autoridad”, afirmó, y ante la posibilidad de respuestas por parte del crimen organizado advirtió que están preparados para “esperarlas y responderlas”. La estructura que encabezaba Fernández Albín, quien había recuperado la libertad hace pocos meses tras cumplir condenas previas, es considerada un engranaje central en la logística de tráfico internacional y en la distribución de estupefacientes en áreas metropolitanas. “Seguimos en la senda de pegarle a las organizaciones criminales donde más les duele, en los bienes y en el dinero. Eso seguramente tiene las consecuencias que todos sabemos, pero estamos dispuestos a afrontarlas”, agregó Negro.
El clan Albín ya tenía antecedentes significativos en Uruguay. El año pasado, la Justicia lo declaró responsable del ataque contra la sede del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), un hecho en el que se dejó una nota intimidatoria dirigida al entonces director de cárceles, Luis Mendoza. Aunque todavía no hay confirmación oficial, los investigadores evalúan si esta organización también participó en el atentado ocurrido días atrás, lo que ampliaría su abanico de actividades violentas y represalias internas.
Las autoridades también analizan si algunos de los imputados por el ataque contra la fiscal de Corte, Mónica Ferrero, tienen conexión con el clan Albín. La posible ampliación de vínculos entre estos hechos podría confirmar la expansión del accionar criminal de la organización y su capacidad para operar con distintas células. Mientras avanza la investigación, la detención de Fernández Albín representa un golpe significativo a una de las redes más peligrosas del narcotráfico uruguayo, con presencia extendida en la región.
