
Tras perder gran parte de su patrimonio en el temporal del año pasado, el establecimiento recibió 15 pianos verticales y uno de cola. La incorporación de instrumentos de alta gama permite normalizar las clases, aunque persiste el reclamo por la falta de un edificio propio y unificado.
A un año de la inundación que devastó gran parte de su equipamiento, el Conservatorio de Música de Bahía Blanca recibió una donación sin precedentes que marca un punto de inflexión en su recuperación. Se trata de 16 pianos nuevos —15 verticales y uno de cola— que llegan para suplir las unidades destruidas por el agua y garantizar la formación de los más de 1.200 alumnos que hoy integran la matrícula.
Julián Mansilla, integrante del equipo directivo, calificó el hecho como «un momento muy especial» que aporta el alivio necesario para continuar con la tarea pedagógica. La entrega, gestionada a través de un programa de ayuda humanitaria de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, representa la mayor incorporación de instrumentos de calidad en la historia de la institución bahiense.
El desafío de enseñar sin instrumentos
El temporal de 2024 no solo dañó la estructura edilicia, sino que golpeó el corazón de la enseñanza: entre 15 y 20 pianos quedaron inutilizados por la humedad y el barro. Muchos de ellos eran piezas históricas de alto valor patrimonial, mientras que otros habían sido adquiridos recientemente con el esfuerzo de la cooperadora y el cuerpo docente.
“El uso que tiene el Conservatorio, que funciona de 8 de la mañana a 10 de la noche, requiere instrumentos en muy buenas condiciones”, explicó Mansilla. La falta de estos elementos había provocado una caída en la matrícula durante 2025, situación que comenzó a revertirse este ciclo lectivo, pero que encontraba un techo ante la carencia de pianos aptos para el estudio profesional.
La deuda pendiente: infraestructura y biblioteca
Pese a la alegría por los nuevos instrumentos, la realidad edilicia del Conservatorio sigue siendo fragmentada y deficitaria. Actualmente, la institución funciona en múltiples sedes debido a que uno de sus edificios principales aún se encuentra en proceso de restauración. Esta dispersión no solo complica la logística diaria, sino que limita la capacidad de expansión de una escuela que podría albergar a muchos más estudiantes de la región si contara con el espacio adecuado.
Otro punto de extrema preocupación es la biblioteca musical. Considerada una de las más ricas de la zona, una parte importante de su catálogo sufrió daños irreparables. Aunque se logró rescatar gran parte del material, hoy no existe un espacio físico donde los alumnos puedan consultar las partituras y textos teóricos. “Se logró rescatar una gran parte, pero no tenemos lugar para la biblioteca”, advirtió el directivo.
Hacia una Ciudad de las Artes
La llegada de los 16 pianos reaviva un debate histórico en la ciudad: la necesidad de un complejo integral para las escuelas de formación artística. Para Mansilla, el potencial de recursos humanos en Bahía Blanca es «grandísimo», pero requiere de una infraestructura acorde, como podría ser una Universidad de las Artes o un centro que unifique al Conservatorio con las escuelas de Danza y Artes Visuales.
Por el momento, el sonido de los nuevos pianos nuevos ya resuena en las aulas, brindando una fortaleza renovada a docentes y alumnos que, tras la catástrofe climática, ven finalmente un horizonte de normalidad para la educación musical pública en la ciudad.
