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El endeudamiento y la mora crediticia continúan en alza

El crédito a personas físicas alcanzó los $97,1 billones en junio de 2026, lo que representa un crecimiento interanual del 9,1%. Sin embargo, el dato más alarmante del último informe radica en la cadena de pagos: la irregularidad llega al 17,5% del monto total prestado, acumulando una fuerte suba interanual. Además, la mora en entidades no bancarias supera el 31%, y más del 26% de los deudores a nivel nacional presenta atrasos.

El último informe sobre el crédito a personas físicas en Argentina, correspondiente a junio de 2026, expone un escenario financiero complejo. Si bien el volumen total de préstamos ascendió a $97,1 billones (marcando un alza real del 0,1% mensual y del 9,1% interanual), el foco de atención se centra en el sostenido deterioro de la cadena de pagos en todo el país.

Actualmente, casi uno de cada seis pesos prestados se encuentra en situación de irregularidad. La mora por monto trepó al 17,5%, lo que representa un incremento de 0,3 puntos porcentuales respecto a mayo y un salto de 10,5 puntos en el último año. Al analizar la cantidad de personas afectadas, las cifras son aún más contundentes: la tasa de deudores con mora llegó al 26,1%, con un alza de 8,8 puntos porcentuales en la comparación interanual.

Expansión del crédito y deuda promedio

La expansión real del crédito no se da de manera homogénea en el territorio nacional. Durante junio, 24 de las 24 jurisdicciones mostraron un crecimiento interanual (entre el 1,8% y el 13,1%). Sin embargo, en la variación mensual, La Pampa lideró las subas con un 2,0% real, mientras que Formosa registró la mayor retracción con una caída del 2,0%.

El nivel de penetración del financiamiento y los montos involucrados también revelan fuertes asimetrías provinciales. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) lidera la penetración con 657 deudores cada 1.000 habitantes, seguida por Tierra del Fuego (565) y Santa Cruz (549). En el otro extremo, Santiago del Estero presenta la menor cantidad de personas endeudadas en relación a su población, con 362 deudores cada 1.000 habitantes.

En cuanto a la deuda promedio, el ranking está encabezado por Tierra del Fuego, donde cada deudor debe en promedio $8,5 millones. Le siguen CABA con $7,0 millones y Santa Cruz con $6,8 millones. En contraste, las obligaciones promedio más bajas se encuentran en Formosa y Santiago del Estero, ambas con $2,9 millones por deudor.

El mapa provincial de la mora

Al analizar el nivel de impago, las diferencias regionales son notorias. La irregularidad por monto encuentra sus picos más críticos en las siguientes provincias:

  • La Rioja: 24,5% de mora (con un salto interanual de 15,2 puntos).

  • San Luis: 22,6% de mora.

  • Santa Cruz: 22,2% de mora.

  • Catamarca: 21,8% de mora.

Por el contrario, los distritos que exhiben los índices más saludables en sus carteras de crédito son:

  • La Pampa: 9,1% de mora (la más baja del país y la única que logró reducirla mensualmente en 0,5 puntos).

  • CABA: 11,9% de mora.

  • Entre Ríos: 13,4% de mora.

  • Santa Fe y Córdoba: Ambas con un 14,2% de mora.

Si se observa exclusivamente la cantidad de personas en situación de impago (tasa de deudores con mora), La Rioja encabeza la lista con un 35,4% de sus usuarios con atrasos, seguida de cerca por San Juan (35,0%) y Catamarca (34,7%).

El sector no bancario concentra el mayor riesgo

El reporte detalla una profunda brecha según el origen de los fondos otorgados. El sistema financiero tradicional concentra el 85,9% del volumen prestado nacional ($83,4 billones), manteniendo una mora promedio del 15,2%.

Sin embargo, el deterioro más agresivo se concentra en los Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC) —como cooperativas, mutuales y financieras independientes—. Aunque este segmento explica solo el 14,1% del crédito total ($13,7 billones), su nivel de mora alcanza un alarmante 31,0%. Esto significa que la irregularidad por fuera del sistema bancario más que duplica a la de los bancos, evidenciando la vulnerabilidad económica de los sectores que recurren a estas fuentes alternativas de financiamiento, donde las tasas suelen ser mayores y los perfiles de riesgo más altos.

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