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«Es un quilombo»: El caos vial se apodera de la Ruta 3 en Bahía Blanca por un corte sin control de Vialidad Nacional

La interrupción del tránsito sobre el puente modular del kilómetro 692 de la Ruta Nacional 3, en el acceso a Bahía Blanca, generó un colapso operativo y un riesgo inminente de siniestros viales. A pesar de la medida anunciada por Vialidad Nacional, la ausencia total de banderilleros para coordinar el paso desató la furia de los conductores y puso el foco en las deficiencias logísticas del organismo.

Riesgo latente en el principal acceso a la ciudad

Desde ayer, el tramo de la Ruta Nacional 3 que conecta El Cholo con la Avenida Colón, sobre el kilómetro 692 y a la altura del canal Maldonado, sufre una interrupción vital para el flujo regional. El motivo, según comunicó Vialidad Nacional (VN), es la ejecución de tareas de mantenimiento en uno de los puentes modulares (también conocidos como Bailey) instalados en la zona, una infraestructura provisoria que se remonta a la emergencia hídrica que afectó a la región.

El corte, que implica que el tránsito de vehículos, incluyendo el pesado, deba circular exclusivamente por el puente restante y en un solo carril alternado, fue establecido «hasta nuevo aviso», lo que anticipa una duración de varios días o incluso semanas.

Sin embargo, el problema no reside en la obra en sí, sino en la alarmante falta de coordinación. Tal como resumió a este medio una fuente consultada, la situación es «un quilombo».

El incumplimiento de la propia norma agrava el peligro

La paradoja es absoluta. En sus comunicados oficiales, el Distrito Bahía Blanca de Vialidad Nacional había solicitado a los conductores «respetar estrictamente las indicaciones de los banderilleros» y «mantener siempre una velocidad de circulación reducida».

No obstante, en el primer día efectivo del corte, la ausencia de personal de control de tránsito fue total. Los banderilleros, cuyo rol es esencial para regular el paso de los vehículos en ambos sentidos sobre el único puente habilitado, brillaron por su ausencia.

«Es un quilombo, no hay personas para hacer el trabajo. Son improvisados y no tienen conocimiento de lo que deben hacer», lamentaron los voceros, señalando una falla grave en el protocolo de seguridad vial.

El puente modular, por su propia naturaleza (estructuras metálicas con restricciones de peso y velocidad), exige una gestión de tráfico rigurosa. Permitir que el tránsito se auto-regule en una vía rápida y de alto caudal, por donde circulan camiones de gran porte, no solo provoca demoras monumentales y el enojo generalizado de los transportistas, sino que multiplica el potencial peligro de siniestros viales de consecuencias graves. La falta de orden y la frustración de los conductores al no ver quién coordina el embotellamiento convierten el sector en una bomba de tiempo.

Un reflejo de la crisis en Vialidad Nacional

Este incidente logístico no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un contexto de profunda tensión dentro de la Dirección Nacional de Vialidad. Fuentes periodísticas especializadas y gremiales han reportado en los últimos meses una situación crítica en el organismo, signada por la falta de presupuesto, la suspensión de obras y la escasez de recursos básicos, incluso para tareas mínimas de mantenimiento.

La falta de personal cualificado para cubrir tareas esenciales como la de banderillero —un rol clave para la seguridad en obra— podría ser una consecuencia directa de la política de austeridad y el freno a la obra pública implementada por el Gobierno de Javier Milei. De hecho, a nivel nacional, los gremios han alertado sobre el riesgo de vaciamiento e incluso disolución de la entidad, con el consiguiente temor de despidos masivos.

El hecho de que el personal consultado califique a la gestión en el lugar como «improvisados» y sin «conocimiento de lo que deben hacer» refuerza la hipótesis de que la operativa se está llevando a cabo sin la adecuada supervisión técnica y humana que exige un corte en una ruta nacional de la envergadura de la RN 3.

Impacto gremial y la incertidumbre del plazo

La situación en Bahía Blanca escaló rápidamente hasta generar un fuerte malestar en el gremio de los trabajadores de Vialidad a nivel nacional. No se descarta que el sindicato presente una «presentación formal ante autoridades del Gobierno de Javier Milei» denunciando las condiciones de trabajo y la exposición al riesgo tanto de sus afiliados (si los hubiere en el futuro) como de los usuarios de la ruta.

Mientras la discusión política y gremial se desarrolla en despachos, la realidad en el asfalto es de colapso. Los conductores se enfrentan a demoras indefinidas, ya que, al no haber un plazo de finalización establecido y depender el avance de las tareas de factores como el clima, el corte es «hasta nuevo aviso».

Se reitera a los automovilistas la necesidad de extremar la precaución, reducir la velocidad al mínimo y mantener la paciencia en el tramo afectado. La falta de señalización humana obliga a los conductores a redoblar la atención y a ser responsables de la coordinación del tránsito hasta que Vialidad Nacional regularice la presencia de personal de seguridad vial.

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