
La economía argentina experimentó una profunda reconfiguración sectorial entre el primer trimestre de 2023 y el mismo período de 2026. Según un informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la dinámica bajo la actual gestión nacional consolidó una clara división entre sectores «ganadores», vinculados a la especulación y los recursos naturales, y «perdedores», atados al mercado interno y la producción.
El nivel de actividad general creció un 2,4% a precios constantes, pero este promedio oculta disparidades extremas. Los sectores ganadores incrementaron su rentabilidad principalmente mediante ajustes de precios muy por encima del promedio, mientras que los perdedores sufrieron una reducción integral tanto en precios relativos como en volumen de producción.
La nueva matriz productiva
La estructura de ganadores y perdedores refleja un cambio en la participación del Valor Agregado Bruto (VAB) total del país:
| Sectores de mayor crecimiento | Sectores con mayores caídas |
| Intermediación financiera | Industria manufacturera |
| Explotación de minas y canteras | Comercio mayorista y minorista |
| Actividades inmobiliarias y empresariales | Construcción |
| Electricidad, gas y agua | Enseñanza y servicios sociales |
Crecimiento sin derrame
El estudio advierte que los sectores con mayor expansión mostraron una dinámica fuertemente regresiva. Las finanzas, la energía y la minería incrementaron sus ganancias operativas muy por encima de los salarios que pagan y de la generación de empleo.
El caso más extremo es el de la intermediación financiera: su actividad creció un 1194% (a precios corrientes), pero su masa salarial aumentó apenas un 720%, generando un desfasaje del 37%. Algo similar ocurrió con los servicios de electricidad, gas y agua, cuyo salto se explicó casi exclusivamente por el reajuste tarifario.
La resistencia de la industria y el comercio
En la vereda opuesta, la industria manufacturera fue el sector más perjudicado, perdiendo 3,85 puntos de participación en la economía total y sufriendo una caída del 11% en su volumen físico de producción. El comercio le siguió de cerca, con un retroceso productivo del 3%, y la construcción con un desplome del 13%.
Pese a este escenario crítico, los sectores perdedores exhibieron un intento por retener a sus trabajadores. La caída en su nivel de actividad fue más profunda que el ajuste inmediato en los salarios o despidos. Sin embargo, el informe concluye alertando que, de sostenerse la actual recesión y la baja demanda, el esfuerzo de las empresas por mantener sus plantillas se volverá insostenible, derivando en una destrucción severa de puestos de trabajo.
