Las tensiones políticas ya habían tenido repercusiones en el deporte. Durante un torneo en Australia, el seleccionado femenino iraní protagonizó un gesto de protesta al no cantar el himno nacional, mientras que seis jugadoras solicitaron asilo al gobierno del primer ministro Anthony Albanese.
Antes del anuncio del gobierno iraní, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, había revelado que mantuvo un encuentro con Trump para abordar la situación. “Ayer me reuní con el presidente Trump. Hablamos sobre la actual situación en Irán y el hecho de que su equipo haya clasificado para participar de la Copa del Mundo. Durante la conversación, Trump reiteró que su combinado es, por supuesto, bienvenido a competir”, explicó el dirigente.
Irán había logrado su clasificación al Mundial 2026 y formaba parte del Grupo G del torneo, que comenzará el 11 de junio. Según el calendario previsto, debía enfrentar a Nueva Zelanda y Bélgica en Los Ángeles y a Egipto en Seattle, todos partidos programados en territorio estadounidense.
Sin embargo, además de las tensiones políticas, la participación iraní también se veía condicionada por las restricciones migratorias. Los ciudadanos de ese país enfrentan fuertes limitaciones para ingresar a Estados Unidos debido al sistema de visados reforzado por la administración de Trump, una política que también alcanza a ciudadanos de Haití, Senegal y Costa de Marfil, naciones que igualmente obtuvieron su clasificación al Mundial.