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Julia Coria: «La escritura autorreferencial no es privativa de influencers»

La autora y socióloga argentina charló con Infonews de "El ombligo del mundo", libro recientemente publicado por La Crujía en el que indaga sobre la autoficción, género que consiste en narrar sucesos personales relativizando su veracidad. Una forma literaria híbrida que en los últimos años se convirtió en un boom editorial, despertando amores y odios tanto en escritores como en lectores.

Escribir sobre escribir, ese el desafío que afrontó Julia Coria con El ombligo del mundo, libro que acaba de llegar a las librerías de la mano de La Crujía. Siendo más precisos, digamos que la flamante obra de la escritora y socióloga argentina indaga sobre una forma literaria que, en los últimos años, fue ganando terreno en el mundo editorial: la autoficción; es decir, la escritura de la experiencia personal sin abandonar los caminos de la invención. Lejos de detenerse exclusivamente en el análisis de su condición de fenómeno comercial, Coria propone un trabajo crítico sobre este género también denominado escritura autorreferencial o literatura del yo, identificando sus características, poniendo en entredicho algunas verdades narrativas y recurriendo a distintos aportes de autores y autoras que han escrito sobre sus vidas. Tal vez, la mejor manera de reflejar el espíritu de El ombligo del mundo sea apelando a esta frase contundente de la propia Julia: «La única verdad es la ficción».

 

Sin más dilaciones, Infonews conversó con Coria, autora de las novelas Todo nos sale bien (2019) y La horda primitiva (2022), entre otras obras, sobre su nuevo libro.

 

 

Infonews: ¿Cómo fue el proceso de escritura de El ombligo del mundo?

 

Julia Coria: Yo venía pensando en estos temas a raíz de que con la publicación de mi propio relato autoficcional (Todo nos sale bien) me invitaban a mesas, talleres, programas en torno a ese terreno. Por supuesto que mientras escribía jamás me pregunté por el tipo de texto en el que estaba trabajando: escribí desde la intuición y todo lo que pude pensar más conceptualmente vino después. Y después, cuando sí me sentí más cautivada por la cuestión al acompañar autores y autoras que escriben su experiencia personal en clínica conmigo y también al adentrarme en la discusión (porque el asunto es ese: hay una discusión alentada por encono de algunos autores y autoras hacia ese tipo de textos) justo llegó la propuesta de La Crujía de escribir un libro sobre escritura y acá estamos. El proceso en sí mismo fue una fiesta. Me senté a ordenar eso que venía pensando a partir de lo que leía y de mi propia experiencia y la de quienes hacen clínica conmigo.

 

In: ¿Antes de sentarte a escribir este libro, tenías algún tipo de prejuicio con la autoficción?

 

JC: Cero. He leído autoficciones gloriosas y otras con las que me morí de la vergüenza ajena, libros que son venganza o terapia o bajada de línea o un racconto de eso que solemos llamar white people problems. Pero eso mismo pasa con los libros que no refieren a la experiencia personal: algunos están buenísimos y otros no.

 

In: En tu libro, al afirmar que la autoficción forma parte del género autobiográfico, utilizás el concepto de yo al cubo; ¿a qué te referís con él?

 

JC: Me refiero a que quien escribe, quien narra y quien protagoniza la historia suponen ser la misma entidad (la misma persona, por decirlo mal y pronto).

 

In: ¿Por qué te parece más acertado hablar de autoficción en vez de literatura del yo o escritura autorreferencial?

 

JC: Yo empecé por tomar el fenómeno actual y caracterizarlo. No fui del término a buscar expresiones en el campo literario argentino actual sino que leí qué se publica en este rubro e identifiqué algunas características comunes. Y de las denominaciones disponibles, que son primas entre sí, tomé la de autoficción porque es la que más encono suscita. Me pareció que tratar de entender ese enojo me ayudaría a entender lo que quería describir.

 

«El ombligo del mundo», libro de Julia Coria que acaba de editar La Crujía.

 

In: ¿Qué es lo que lleva a los influencers, en la actualidad, a volcarse en masa a la escritura de la experiencia personal?

 

JC: Algunos outsiders (no solo influencers) eligen la autoficción como primera experiencia de escritura porque ya han narrado su experiencia personal en otros soportes y tendrán la fantasía de que, en consecuencia, pueden escribir textos literarios. Seguro hay quienes lo consiguen, otros tendrán ghost writers: si tienen muchos seguidores las editoriales se garantizan un negocio redondo. En todo caso, la opción por la escritura autorreferencial no es privativa de influencers, ni de casualidad. Hay muchas autoras y muchos autores tomando este camino.

 

Fuera de programa: Hay muchísima gente queriendo escribir y publicar. A diferencia del ejercicio de otras artes, la escritura genera la fantasía de no requerir mucho más que dos cosas que tiene el ser humano promedio: estar alfabetizado (algo que en Argentina está bastante garantizado) y tener algo que decir. La realidad es que hace falta mucho más, un entrenamiento riguroso igual que para bailar ballet, pero esta necesitad de escribir y publicar se encuentra con dos intereses comerciales enormes: el de quienes arengan a hacerlo a tontas y a locas para vender cursos y concursos a granel, y el de las empresas de edición, que juegan con la ignorancia de la gente que no está en tema y les cobran por publicar libros que no va a leer nadie. Perdón, si no lo decía reventaba. Y me preguntabas por mis prejuicios: todos mis prejuicios están dirigidos acá.

 

In: ¿Cómo es escribir (y publicar) un libro en tiempos de Milei? ¿Una práctica liberadora, un gesto de evasión, la posibilidad de narrar un presente descarnado, o qué?

 

JC: Milei es la peor noticia para quienes nos dedicamos a la escritura, no más que para quienes se dedican a la ciencia, la docencia, la industria, el comercio, los estudiantes, los jubilados. La buena, es que los escritores y escritoras cobramos tan mal (10% del precio de venta de nuestros libros cada seis meses) que la mayoría se procura medios de subsistencia complementarios. Así que a escribir que se acaba el mundo, como siempre.

 

In: ¿En los talleres que dictás, cuál es la crítica recurrente que les hacés a quienes se lanzan a escribir sobre su vida?

 

JC: Es insólito pero a la hora de escribir sus historias personales los autores y autoras muchas veces dicen generalidades: “la maternidad para mí fue hermosa pero terriblemente demandante”, eso es tan la historia de todas que no es la de nadie. Contame tu maternidad. “El era muy machista”: ¿lo que hacía era no lavar los platos o te confiscaba el celular?. “Nos hicimos amigas entrañables”: tengo muchas y con cada una tengo una historia puntual, ¿esa miseria es lo que vas a darme de la tuya? “Mi abuela era muy buena, nos amasaba ravioles y nos tejía bufandas”. ¡Dale! Cómo la de todos. Contame tu historia. Pagué la entrada para ver la película y me das el tráiler. No veo a los personajes, no logro que me importen, no tengo nada que hacer acá, dame razones para permanecer en tu texto.

 

In: ¿Cuáles son los vicios que advertís a la hora de escribir autoficción?

 

JC: Te puedo decir varias: lo que en El ombligo del mundo llamo El detallerío, plagar el texto de cosas que no hacen a la historia solo porque ocurrieron y no conseguís soltarlas; no trabajar en la credibilidad de lo que contás porque pensás que con que haya ocurrido basta; preocuparte más por lo que van a decir las personas involucradas que convertiste en personajes que por la trama; tener la fantasía de que podés serle más leal a la realidad que a la ficción.

 

In: ¿Al decidir escribir autoficción, uno entra en combate con su vanidad o egolatría, o no siempre es así?

 

JC: Todo impulso a la acción (en este caso a la acción de escribir) moviliza algo de nuestro ego, aunque yo vaya a escribir una novela ambientada en la guerra civil española. Lo importante es no creer que la grandeza de nuestro cuento o novela proviene del episodio que narra (de lo que nos pasó). Lograr conmover a quienes nos leen requiere mucho más que eso. Ojo: hay autoficciones escritas con las patas que, por tratar de temas dolorosos que afectan a un montón de gente (por ejemplo el abuso, el acoso, la traición) venden muchísimo. Pero nosotros estamos hablando de literatura, así que hay felicidad para todo el mundo.

 

In: ¿Qué libros de este género te parecen fundamentales y por qué?

 

JC: Te digo los primeros cinco que se me vienen a la mente que seguro serán otros si me preguntás mañana y otros si me preguntás pasado: El año del pensamiento mágico, de Joan Didion (novela), Patrimonio, de Philip Roth (novela), Gracias, Difunta Correa, de Camila Sosa Villada (cuento), El mar no se le desea a nadie, de Tamara Tenenbaum (cuento), y Efectos personales, de Marina Mariasch (novela).

 

In: En una parte del libro citás al escritor Mauro Libertella, quien dice lo siguiente: “Si voy a exponer algo de la vida de los demás, me tengo que exponer a mí mismo, por lo menos a un mismo nivel”. Me parece un consejo más que valioso para los que desean escribir sobre experiencias propias que, indefectiblemente, también involucran a otras personas; ¿considerás lo mismo?

 

JC: No lo había pensado hasta que Mauro lo dijo así, pero desde entonces lo doy por sentado. Lo que es casi seguro es que escribas lo que escribas alguien se va a enojar y allá ellos.

 

In: Otra idea interesante del libro es tu afirmación de que las autoficciones que pretenden ofrecer enseñanzas están destinadas al fracaso. ¿No puede haber excepciones?

 

JC: Dudo que un buen libro pueda ser escrito con esa ambición, que vos después “extraigas enseñanzas” será circunstancial. Aprendí un montón leyendo Lolita, no creo que eso haya sido el motor de Nabokov. Cuando abro un libro soy tu lectora, no tu alumna. A priori me genera mucho rechazo la idea.

 

In: Por último, ¿cuál es tu momento de mayor satisfacción como escritora?

 

JC: En todos mis cuentos y novelas hay un punto en que la emoción buscada al escribir alcanza su climax. Cuando escribo esas líneas me emociono yo misma y esa es mi mayor satisfacción. Si no me pasa, sigo laburando.

 

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