
Ante el escándalo generado, un trabajador de la sede diplomática, quien se identificó a sí mismo como Alexander, indicó que “según la convención de Viena, los diplomáticos no pueden ser objeto de ninguna parada, registro y consideramos lo ocurrido como una grave violación del derecho internacional”.
Esta persona se identificó como el primer secretario, pero no figura como tal en la página oficial de la embajada ni en Cancillería.
