

Sin que nadie la viera venir, un día explotó el amor entre la experimentada actriz China Suárez y el juvenil piloto de Fórmula 1 Franco Colapinto, que fueron sorprendidos en una noche de acercamientos en la capital española sin que hubiese algún indicio romántico, sin que se los hubiese encontrado en algún evento social o público.
Un celular travieso los enfocó en el Barrio de Justicia, tomaditos de las manos, dirigiéndose a un restó exclusivo de cocineros uruguayos y españoles llamado «Los 33» donde cenaron durante un largo rato y se mimaron mucho más.
Este hallazgo de una «cazafotos» callejera les cantó «¡piedra libre!» a una China que no tenía la menor idea hace unos días de quien era el veinteañero Colapinto ni a qué se dedicaba.
Es más, en una entrevista que le hicieron a la popular actriz de 32 años, cuando le preguntaron sobre el juvenil corredor de 21 años mostró su ignorancia al punto de salir a buscar en internet los perfiles del veloz piloto Franco.

Esa impertinencia fotográfica puso en foco la imagen de la pareja de tortolitos iniciando un vínculo que surgió en el mismo momento en el que la enemiga de Wanda Nara anunciara que se subiría al escenario del Teatro Gran Rex (34.000 espectadores), para acompañar a su novio Elián Valenzuela, el cantautor L-Gante, en lo que fue su primer concierto en marquesina de la avenida Corrientes.
La estrategia de «La China» de cruzarle el caballo a Wanda todo el tiempo, queda una vez más demostrada, a que en algún momento en el que el esposo de Nara, Mauro Icardi, la buscaba para acercarse a Suárez, la ex mujer del empresario Maxi López salió a los medios para tildarla de «Zorra».

Más allá de los juegos amorosos entre Wanda y «La China», queda planteado que el romance entre una mujer que le lleva 11 años a su fresco cortejante como es Suárez, deja en claro que ella quedó fascinada con el piloto de Fórmula 1 y con el vértigo que le genera la dimensión de las grandes velocidades. Por eso quiero plantear que en esa guerra de vanidades y amores, estas dos mujeres no libran ya batallas de corazones sino una real partida de ajedrez amorosa en el que no se dan ninguna ventaja. Te lo digo yo.
