
Las experiencias cercanas a la muerte siempre despiertan un interés especial, y quienes pasaron por ese límite difuso suelen hablar de sensaciones difíciles de explicar. Eso fue lo que vivió un hombre de 57 años que estuvo 28 minutos muerto… y volvió para contar todo lo que vio.

“No vale la pena preocuparse por las pequeñas cosas por las que nos preocupamos”, reflexionó. Y dejó otra frase que repite seguido: “No dejes que nadie te diga que no podés hacer algo. No iba a salir a ninguna parte”.
Más tarde pensó en la suerte que tuvo que haber estado rodeado de mucha gente. Fácilmente, podría haber sucedido mientras hacía ejercicio solo, en su trabajo conduciendo un taxi para personas con discapacidades o incluso mientras dormía, e indicó: “Nadie me habría encontrado”.
Zdybel está en ese grupo del pequeño porcentaje de personas que sobreviven a un paro cardíaco que tiene lugar fuera de un hospital. A él le pusieron un stent en el Hospital Geelong y estuvo internado una semana, hace poco volvió a entrenar las artes marciales y hasta compite con su hijo. Cree que su estado físico, y sobre todo su cabeza, fueron clave para salir adelante.
Qué cambió después de “morir”
Hoy, Phill dice que ya no se preocupa tanto por el futuro, que se toma las cosas con más calma. “Ahora, después de mi experiencia, vivo el momento y disfruto de las pequeñas cosas de la vida, como estar sentado en silencio y disfrutar de la naturaleza. El futuro ya no es tan importante para mí como solía serlo”, contó.

También entendió algo que repite seguido: “Aprendí a no preocuparme tanto por el futuro y a disfrutar más el presente en mi vida. Me di cuenta de que debemos estar agradecidos con lo que tenemos y vivir plenamente porque la vida es corta”.
Zdybel también se volvió un firme defensor de la capacitación en RCP y sostiene que “se deben tener desfibriladores a mano”.
