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Tensión y hermetismo: el pacto comercial de Argentina con Estados Unidos se demora por la agenda presidencial

A casi un mes del anuncio del acuerdo marco de comercio e inversiones entre la Argentina y Estados Unidos, la firma del documento clave sigue sin fecha y reina el hermetismo en las administraciones. La expectativa de que el entendimiento fuera rubricado por los presidentes Javier Milei y Donald Trump en Washington la semana pasada quedó frustrada. Mientras ambos gobiernos avanzan con revisiones legales y traducciones, el retraso pone de manifiesto la complejidad burocrática y política de un acuerdo que busca redefinir la alianza económica bilateral, e incluye cláusulas sensibles en áreas como la propiedad intelectual y el acceso a mercados agropecuarios.

El gesto político que buscaba sellar la sintonía entre la Casa Rosada y la Casa Blanca, anunciado a mediados de noviembre, se encuentra en un compás de espera. Tras 25 días desde la comunicación oficial, el esperado «Framework for an Agreement on Reciprocal Trade and Investment» todavía no cuenta con la rúbrica presidencial, un paso indispensable a solicitud de Washington.

La última oportunidad para concretar la firma se desactivó el pasado viernes, cuando el presidente Milei canceló su viaje a la capital estadounidense, donde se realizaría el sorteo del Mundial 2026. Aunque el director ejecutivo del task force de la Casa Blanca para el Mundial 2026, Andrew Giuliani, minimizó el hecho, atribuyéndolo a «cuestiones domésticas» (en referencia al enfrentamiento de Milei con Claudio Tapia, presidente de la AFA), el traspié generó incertidumbre diplomática y obligó a suspender la visita al país del influyente funcionario Scott Bessent.

Desde entonces, las fuentes cercanas al expediente repiten que el proceso avanza por «los carriles normales» y que las novedades «serán positivas», pero evitan fijar un horizonte temporal concreto.

Burocracia y la exigencia de la cumbre presidencial

El principal obstáculo no es meramente político, sino técnico y de protocolo. Incluso antes de la cancelación del viaje de Milei, el equipo negociador argentino ya advertía la dificultad de cerrar las revisiones legales y validar las traducciones en ambos idiomas a tiempo para el 5 de diciembre. El feriado por el Día de Acción de Gracias en Estados Unidos sumó días al parate burocrático, dilatando el proceso.

En el plano político, las negociaciones fueron claras: aunque se evaluó que el acuerdo pudiera ser firmado por secretarios o ministros, el mandato desde Washington es que todos los acuerdos globales impulsados por Estados Unidos en esta etapa deben llevar la firma directa del presidente Trump. Por lo tanto, el paso final requiere coordinar una ventana en las agendas de los dos mandatarios, una tarea compleja que se extiende más allá de los deseos de las partes.

A pesar del frustrado viaje, que hubiera sido el número quince del líder libertario desde su asunción en 2023, su entorno no descarta una nueva visita a Washington en el corto plazo. No obstante, ya figura en la agenda de Milei otro traslado a Estados Unidos en marzo, cuando participará de la Argentina Week en Nueva York.

La letra chica: Propiedad intelectual y mercados sensibles

Mientras la firma se dilata, el contenido preciso del acuerdo marco, que seguirá bajo estricto hermetismo hasta que se concrete el acto formal, ya genera ansiedad y controversia en diversos sectores económicos. Hasta ahora, el documento se ha presentado como un esquema que busca ampliar oportunidades bilaterales y fomentar el crecimiento económico a través de diversas concesiones y compromisos por parte de Argentina.

Los puntos más sensibles del entendimiento incluyen:

  • Propiedad Intelectual y Salud: Uno de los compromisos más controvertidos es la reforma al régimen de propiedad intelectual argentino para alinearse con los estándares estadounidenses. Si bien esto implica medidas contra la falsificación y piratería, sectores como los laboratorios y grupos de salud pública han expresado su preocupación, advirtiendo que podría impactar en el acceso a medicamentos esenciales (como los tratamientos para VIH y Hepatitis C) al limitar la competencia y perpetuar monopolios, según denuncias de especialistas.

  • Apertura Comercial: Argentina se compromete a otorgar ingreso preferencial a productos clave de Estados Unidos, incluyendo maquinaria, dispositivos médicos, tecnología, vehículos y, especialmente, productos agrícolas. En este último punto, se contempla el ingreso de ganado bovino vivo y carne aviar estadounidense, un punto sensible que podría modificar las reglas de competencia en el mercado local y en el que la industria nacional ya ha puesto reparos.

  • Facilitación Regulatoria: El acuerdo contempla la eliminación de barreras no arancelarias, la supresión progresiva de la tasa de estadística para bienes estadounidenses y la adopción de medidas que limitan la discrecionalidad del Estado sobre importaciones, aceptando los estándares de certificación de EE. UU.

  • Minerales Críticos y Geopolítica: En un plano estratégico, el documento incluye la cooperación para facilitar la inversión y el comercio de minerales críticos (litio, cobre, uranio), en línea con la estrategia geopolítica de Washington para asegurar el abastecimiento de recursos clave y enfrentar la competencia con China.

Los negociadores clave en este complejo entramado fueron, por el lado norteamericano, Jamieson Greer y Howard Lutnick. Por la parte argentina, la mesa de diálogo estuvo conformada por Luis Kreckler (jefe negociador), Pablo Lavigne, el canciller Pablo Quirno, el secretario de Desregulación Alejandro Cacace y el embajador en Estados Unidos, Alec Oxenford.

El futuro del acuerdo: de la firma al Congreso

Una vez que Milei y Trump estampen sus firmas, el entendimiento tendrá un efecto provisorio y permitirá la activación inmediata de algunos puntos. No obstante, una parte significativa del acuerdo requerirá un aval legislativo.

Diversos artículos contemplan la necesidad de ratificaciones de tratados, cambios legales o ajustes administrativos que quedarán en manos del Poder Ejecutivo de cada país, mientras que otros dependerán de una futura orden ejecutiva del presidente estadounidense.

La demora en la firma y la sensibilidad de la letra chica anticipan que, más allá del entusiasmo político inicial, el acuerdo tendrá un recorrido complejo tanto en el Congreso argentino como en el estadounidense, donde los sectores afectados o beneficiados comenzarán a presionar para moldear la implementación definitiva del pacto bilateral.

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