
«Él expresó que estaba en condición de diplomático y no necesitaba realizar el control, no mucho más. No acreditó identidad de nada ni cargo alguno. De hecho, cuando le expliqué el procedimiento, se limitó a subir la ventanilla», relató.
El hombre comenzó a realizar llamados telefónicos y, durante más de una hora, permaneció amotinado dentro del auto. Según la Convención de Viena, los vehículos de diplomáticos no pueden ser requisados, confiscados, allanados ni retenidos por las autoridades locales, pero el conductor no presentó los papeles que acreditaran esta condición.
Funcionarios de la embajada rusa se acercaron al control y se negaron a hacer comentarios a la prensa. Agentes de la Policía de la Ciudad les indicaron que el conductor «no se puede negar al control de alcoholemia» y «tiene que acreditar» la documentación del vehículo.
De hecho, el supervisor del control remarcó que al menos otros dos autos diplomáticos que fueron detenidos este miércoles se sometieron al test de alcoholemia sin problemas, por lo cual los sorprendió la actitud de este hombre. Mientras esto sucedía, el hombre seguía filmando con su celular desde adentro del vehículo e incluso mostró a los medios un video de presuntos misiles rusos.
Un ciudadano ruso que pasaba por el lugar intentó mediar y colaborar con la traducción, pero no logró convencerlo de que se bajara del auto, e incluso el hombre lo acusó de «traidor». «Es una vergüenza para mi país, no entiendo qué hace», sostuvo.
Tras más de dos horas, el vehículo diplomático se retiró escoltado por un patrullero de la Policía de la Ciudad y se trasladó hasta la embajada de Rusia. Hasta este mediodía, el conductor seguía arriba del vehículo y aún no se había sometido al test de alcoholemia.
