
La escasez de agua en Bahía Blanca, un problema crónico agravado por el verano, exige medidas urgentes y un compromiso real de las autoridades. Entre obras demoradas, diques en descenso y la necesidad de soluciones a largo plazo, la ciudad se enfrenta a una crisis que impacta directamente en la calidad de vida de sus habitantes.
Bahía Blanca se enfrenta a una persistente crisis hídrica, especialmente aguda durante los meses de verano. Este problema, lejos de ser nuevo, se ha gestado a lo largo de décadas, con picos críticos en los últimos 20 o 25 años. La situación actual no solo se centra en la escasez, sino también en la infraestructura obsoleta y la falta de planificación a largo plazo.
Según declaraciones del ex Subsecretario de Recursos Hídricos de la Provincia, Guillermo Jelinski, el sistema de agua de la ciudad ha sufrido un abandono sistemático durante décadas, lo que ha derivado en constantes fugas y graves problemas de distribución. Esta falta de inversión se suma a otros problemas de infraestructura, como la presencia de calles de tierra, que afectan especialmente a los barrios más vulnerables, generando complicaciones en el tráfico, la seguridad y la salud pública.
La situación se agudiza durante el verano, cuando las altas temperaturas incrementan el consumo y exponen las deficiencias del sistema. Los vecinos relatan dificultades con la baja presión o la falta total de agua, viéndose obligados a modificar sus hábitos diarios, incluso despertándose en medio de la noche para realizar tareas básicas. Si bien APSA (Aguas Bonaerenses S.A.) está llevando a cabo obras, la problemática trasciende las intervenciones actuales.
La participación ciudadana se presenta como un factor clave. La comisión de seguimiento de las obras de APSA, aunque con interrupciones en sus reuniones (como la ausencia de encuentros en diciembre y enero, meses críticos), representa un espacio importante para que los vecinos hagan oír sus necesidades y aporten su conocimiento sobre la realidad del servicio. Los vecinos autoconvocados, presentes en estas reuniones desde agosto del año pasado, han realizado valiosas contribuciones.
En respuesta a la emergencia, APSA ha implementado un plan de contingencia que incluye la distribución de agua a través de catorce tanquetas cisternas en diferentes barrios. Además, se ha habilitado un número de WhatsApp (+54 9 291 5035580) para que los usuarios puedan solicitar el suministro. Sin embargo, estas medidas son paliativas y no resuelven el problema de fondo.
Los vecinos, ante la falta de soluciones definitivas, han recurrido a estrategias como el uso de camiones aguateros para llenar cisternas particulares. Aunque esta solución alivia la situación a corto plazo, no es sostenible ni equitativa. Incluso, se han reportado mejoras en la organización del reparto en comparación al año pasado, donde la situación era aún más crítica. Algunos vecinos han tenido que invertir en cisternas y bombas para asegurar el suministro en sus hogares, lo que implica un costo adicional para las familias.

Las obras de recambio de cañerías avanzan, aunque la falta de información actualizada sobre el estado de los diez módulos genera incertidumbre. Se espera que algunas obras estén finalizadas, aunque no hay confirmación oficial. Se han reportado trabajos de reparación de veredas en algunos barrios, lo que sugiere la finalización de las obras en esas zonas. Además, se han anunciado empalmes de cañería para mediados de enero, como parte de la obra de recambio que lleva adelante la DIPAC (Dirección Provincial de Agua y Cloacas).
Otras obras importantes, como el recambio del acueducto a las plantas Grumbey y Patagonia, y el recambio de válvulas en la calle Brandsen (con reinicio previsto para marzo), también están en curso. Sin embargo, la suspensión de la obra de la Cisterna Patagonia Bosque Alto Acueducto Chañares, debido a un recálculo de costos por la inflación, genera gran preocupación, especialmente para la zona de Centenario y alrededores, que se verá afectada por la demora de al menos dos años que se estima durarán los trabajos una vez reiniciados.
La situación del dique, con una cota cercana al mínimo histórico y una pérdida diaria de agua por evaporación y consumo, agrava el panorama. Las alternativas, como los pozos del bajo San José (que operan al 50% de su capacidad) y la planta Patagonia (sin cisterna de reserva), no son suficientes para abastecer a la ciudad.
La falta de un abordaje serio y prioritario por parte de los políticos y el consejo deliberante es otro factor preocupante. Los vecinos exigen soluciones a largo plazo y un compromiso real, más allá de la utilización política del tema. La falta de respuesta del consejo deliberante a la petición de los vecinos de oponerse al aumento del servicio hasta que haya mejoras sustanciales, demuestra una falta de compromiso con las necesidades de la comunidad.
