
El ingeniero Scheffer reveló detalles del ambicioso proyecto de ampliación del canal Maldonado, una obra clave para la protección de Bahía Blanca frente a futuras inundaciones. La iniciativa contempla un significativo aumento de su capacidad para el desagüe pluvial, la readecuación de compuertas y una planificación integral para mitigar riesgos hídricos, incluyendo la incorporación de veredas y la optimización de los sistemas de bombeo.
Bahía Blanca se proyecta hacia una gestión hídrica más robusta y eficiente. El ingeniero Scheffer brindó un panorama detallado del trascendental proyecto de ampliación del canal Maldonado, una obra que se erige como un pilar fundamental en la estrategia de la ciudad para prevenir futuras inundaciones y garantizar un mejor manejo de los excedentes pluviales.
El corazón del proyecto reside en la considerable modificación de las dimensiones del canal. Según explicó Scheffer, se planea un «aumento en el ancho de la base del canal de 12 a 21 metros», lo que representa una expansión significativa. En la parte superior, el ancho pasará «de 19-20 metros a 26 metros». Esta ampliación se logrará «aprovechando 3 metros más de cada lado y dejando un metro para la vereda», una adición que no solo mejorará la capacidad hídrica, sino que también aportará al espacio público circundante.
Un aspecto tranquilizador para los vecinos es que «las calles no se verán afectadas, ya que el canal no llegará al cordón cuneta». Sin embargo, Scheffer destacó una mejora sustancial en la infraestructura peatonal: «Actualmente no hay vereda en el sector y con el proyecto se podrá tener una vereda de un metro», lo que brindará mayor seguridad y transitabilidad en la zona.
La capacidad del canal será drásticamente incrementada, un factor clave para la mitigación de inundaciones. El ingeniero Scheffer precisó que «la capacidad del canal aumentará de 650 metros cúbicos por segundo en el partidor a 900 metros cúbicos por segundo en la descarga», un incremento logrado gracias a «la pendiente y la velocidad del agua». Esta mejora permitirá «incorporar desagües pluviales de la zona» que actualmente no pueden ser absorbidos, aliviando la presión sobre el sistema de drenaje de la ciudad.
El funcionamiento del partidor y la transición hacia el canal Maldonado también serán optimizados. Scheffer describió que «la transición será más corta debido al aumento del ancho del canal», lo que podría mejorar la fluidez del agua. Un punto crítico es la readecuación de las compuertas para «limitar el caudal que pasa por el entubado a 40 metros cúbicos por segundo», un mecanismo de control esencial para evitar sobrecargas en tramos específicos del sistema.
Más allá de la obra específica, el ingeniero Scheffer enfatizó la «importancia de replantear todo el sistema de desagües pluviales de la ciudad». La experiencia de la reciente inundación, donde la «zona baja se inundó durante casi cuatro días», ha puesto de manifiesto la urgencia de una planificación integral. Es necesario, según su visión, «mejorar el sistema de compuertas, depósitos de agua y bombeo para evitar problemas de mareas y crecidas». La interconexión de estos elementos es crucial para un sistema hídrico resiliente.
Finalmente, Scheffer subrayó la necesidad de una visión a largo plazo en el crecimiento urbano. Enfatizó la «necesidad de considerar las zonas de riesgo hídrico al planificar nuevas zonas de edificación y loteo», para evitar «problemas costosos y difíciles de solucionar en el futuro». Esta advertencia es un llamado a la responsabilidad en el desarrollo urbanístico, asegurando que el crecimiento de la ciudad se realice de manera sostenible y segura para sus habitantes. El proyecto de ampliación del canal Maldonado se presenta así no solo como una obra de infraestructura, sino como parte de una estrategia integral para la Bahía Blanca del futuro.
