ActualidadEl mundoSociedad

Escuela uruguaya prohíbe el uso de celulares en las aulas

Durante todo el ciclo lectivo 2025, una institución educativa de Uruguay prohibió el uso de teléfonos celulares en las aulas. Un informe oficial confirmó mejoras significativas en la atención, la socialización y el clima escolar, y abrió un debate de fondo sobre cómo educar en el uso de la tecnología.

Durante el ciclo lectivo 2025, los pasillos y aulas del Colegio Santa Elena, con sedes en Montevideo y Lagomar, fueron escenario de una experiencia poco habitual en el sistema educativo uruguayo: los estudiantes de séptimo, octavo y noveno grado tuvieron prohibido el uso del celular durante toda la jornada escolar. La medida implicó que, cada mañana, los alumnos dejaran sus dispositivos en un “estacionamiento de celulares”, cajas de madera organizadas por grupo que permanecían cerradas bajo llave hasta el final del día.

La iniciativa, que generó resistencias iniciales entre los estudiantes, fue evaluada de manera exhaustiva por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed). El organismo difundió recientemente un informe que puso cifras concretas a una experiencia que hasta ahora se conocía solo de manera anecdótica y que rápidamente despertó interés y debate público.

El estudio, titulado “Percepciones sobre la medida de restricción del uso de celulares en el Colegio Santa Elena”, recogió testimonios de 355 estudiantes de entre 12 y 15 años, además de familias, docentes, directivos, adscriptos y equipos técnicos. Se trata del primer relevamiento sistemático de este tipo en Uruguay, y su conclusión general fue contundente: existe un amplio consenso en que la medida tuvo efectos positivos en la vida escolar.

Uno de los principales problemas que buscó atacar la prohibición fue la distracción constante en el aula. Según el informe, incluso con los teléfonos en silencio, su sola presencia interfería con la atención y fragmentaba los tiempos de aprendizaje. Con la restricción total aplicada de manera estricta, los docentes percibieron mejoras claras en la concentración, la participación y el clima general de las clases.

Los números respaldan esa percepción: el 87% de los docentes señaló avances en la atención de los estudiantes y un 83% destacó un mayor intercambio y socialización. Para muchos, el aula recuperó dinámicas que se habían ido perdiendo con la omnipresencia de las pantallas.

Los cambios también se hicieron visibles fuera del horario de clase. En los recreos, el paisaje cotidiano se transformó. Donde antes predominaban grupos aislados mirando sus teléfonos, volvieron los juegos de cartas, las actividades deportivas improvisadas y las conversaciones cara a cara. El informe del Ineed señala que “se ven más grupos conversando o jugando en los recreos, algo que antes era raro”, aunque reconoce que existen excepciones y algunos alumnos intentan usar el celular de manera encubierta.

El acompañamiento de las familias fue amplio. El 82% se manifestó muy de acuerdo con la medida y otro 12% dijo estar de acuerdo. En un relevamiento complementario, el 95% de los padres y madres afirmó notar mejoras en la atención de sus hijos y un 91% destacó un mejor clima de convivencia, uno de los indicadores más altos del estudio.

Entre los estudiantes, la evaluación fue más matizada. La percepción general fue definida como “levemente positiva, pero cercana a la neutralidad”. Sin embargo, los datos muestran impactos concretos: el 40% reconoció que se distrae menos sin el celular y el 45% aseguró que presta más atención y aprende mejor. Incluso, algunos alumnos con bajo rendimiento académico notaron mejoras en sus calificaciones, lo que llevó a varios a replantear su postura inicial frente a la prohibición.

Las mayores resistencias se concentraron en los cursos más avanzados. Los estudiantes de noveno grado calificaron la medida como “molesta”, “innecesaria”, “repentina” y “extrema”. Uno de los principales cuestionamientos fue la imposibilidad de comunicarse directamente con sus familias durante el horario escolar. “Quiero decirles cosas a mis padres que no quiero que el adscripto sepa porque son personales”, expresaron algunos adolescentes en las entrevistas.

El informe también advierte sobre aspectos a revisar si la política se mantiene en el tiempo. La ausencia de celulares dejó en evidencia limitaciones en los recursos tecnológicos del colegio, lo que obligó a repensar estrategias pedagógicas. Además, varios docentes señalaron que, si bien la prohibición reduce distracciones, no garantiza por sí sola una educación en el uso responsable de la tecnología.

En ese sentido, el Ineed sugiere avanzar hacia esquemas más integrales, que combinen restricciones claras con instancias de formación crítica sobre el uso de dispositivos, redes sociales y la prevención de problemáticas como el ciberacoso. La conclusión del informe es clara: la experiencia demuestra que limitar el uso del celular puede mejorar de manera significativa la dinámica escolar, siempre que se acompañe de decisiones organizacionales coherentes, recursos adecuados y un enfoque pedagógico que vaya más allá de la simple prohibición.

Cerrar
Cerrar