
En el Día Internacional del Síndrome de Asperger, especialistas advierten que persisten creencias erróneas sobre esta condición neurológica. Desarmar mitos es clave para mejorar la inclusión social, educativa y laboral.
El síndrome de Asperger forma parte del espectro autista y se caracteriza por diferencias en la comunicación social, la interpretación de normas implícitas y una forma particular de procesar la información. No se trata de una enfermedad que deba curarse, sino de una condición neurológica que acompaña a la persona a lo largo de toda su vida y que requiere comprensión, apoyos adecuados y entornos accesibles.
Cada 18 de febrero, en el marco del Día Internacional del Síndrome de Asperger, se renueva el llamado a revisar los mitos que aún persisten. La licenciada María Angélica Vicencio Sánchez, psicóloga del CMC de Mendoza de Boreal Salud (Matrícula 1019), subraya que la difusión de información basada en evidencia resulta fundamental para desarmar estereotipos que impactan directamente en la calidad de vida de las personas dentro del espectro.
Los seis mitos más extendidos
Mito 1: las personas con Asperger no sienten empatía
La evidencia muestra que sí experimentan empatía, aunque pueden expresarla de manera diferente o tener dificultades para interpretar señales sociales implícitas, como gestos, dobles sentidos o ironías. La emoción está presente, pero no siempre se manifiesta según los códigos sociales tradicionales.
Mito 2: prefieren estar solas
Muchas personas con Asperger desean vincularse y pertenecer a grupos sociales. Sin embargo, pueden sentir ansiedad o confusión en interacciones complejas. La dificultad no radica en la falta de interés por relacionarse, sino en los formatos predominantes de comunicación social.
Mito 3: implica capacidades intelectuales extraordinarias
No todas las personas dentro del espectro presentan habilidades sobresalientes. Los perfiles son diversos y heterogéneos, como en cualquier grupo humano. Reducir el Asperger a talentos excepcionales invisibiliza también las necesidades de apoyo que pueden existir.
Mito 4: es una discapacidad severa
El Asperger no implica discapacidad intelectual. Muchas personas estudian, trabajan y desarrollan una vida autónoma cuando cuentan con acompañamiento adecuado y entornos flexibles que contemplan sus particularidades.
Mito 5: no pueden adaptarse a la escuela o al trabajo
En numerosos casos, lo que falla no es la capacidad de la persona sino la falta de ajustes razonables y de comprensión del entorno. Adaptaciones simples —como comunicación clara, rutinas previsibles o espacios sensorialmente adecuados— pueden generar mejoras significativas en el desempeño y el bienestar.
Mito 6: solo se diagnostica en la infancia
Muchos diagnósticos llegan en la adolescencia o la adultez. La ausencia de rasgos visibles y el aprendizaje de estrategias para “encajar” socialmente suelen retrasar la detección y el acceso a apoyos oportunos.
El impacto del diagnóstico y el rol del entorno
Desde Boreal Salud señalan que el mayor obstáculo sigue siendo el desconocimiento. Cuando se comprenden las características del Asperger, es posible construir entornos educativos y laborales más inclusivos.
El diagnóstico tardío suele estar asociado a trayectorias marcadas por ansiedad, estrés crónico y sensación de no pertenencia. En muchos casos, recibir una explicación clara permite resignificar experiencias pasadas y mejorar la salud emocional.
El trabajo con el grupo familiar también resulta central. Informar sobre la condición —en especial acerca de la sensibilidad a ruidos, luces u olores y la ansiedad que pueden generar— favorece la inclusión social y reduce situaciones de estrés extremo.
Comprender que se trata de una condición neurológica y no de una falla personal transforma el abordaje. La información adecuada contribuye a disminuir el estigma y a mejorar la calidad de vida.
Desarmar los mitos sobre el Asperger es un paso esencial hacia una inclusión cotidiana y real. Informar con claridad, revisar prácticas institucionales y valorar la diversidad neurológica como parte de la condición humana permite construir una sociedad más empática, accesible y respetuosa.
