
El mandatario estadounidense aceptó prolongar el alto el fuego tras la mediación de Pakistán. No obstante, advirtió que la presión militar continuará hasta que Teherán presente una propuesta de negociación unificada.
En una decisión que busca estirar los tiempos de la diplomacia antes de un eventual desenlace del conflicto, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció la extensión del alto el fuego con Irán. La medida se dio a conocer apenas unas horas antes de que expirara el plazo vigente, aunque el mandatario dejó en claro que la flexibilización no es total: el bloqueo sobre los puertos iraníes se mantendrá inalterable.
A través de sus canales oficiales, Trump detalló que ha instruido a las Fuerzas Armadas para que permanezcan en estado de alerta máxima. «He dirigido a nuestras tropas para que continúen el bloqueo y permanezcan listas. Extenderé el alto el fuego hasta que se presente su propuesta y concluyan las negociaciones, sea cual sea el resultado», sentenció el jefe de Estado.
Esta prórroga surge como respuesta directa a las gestiones realizadas por el gobierno de Pakistán. El primer ministro Shehbaz Sharif y el jefe militar Asim Munir intercedieron para solicitar un margen de tiempo adicional, argumentando la necesidad de que Teherán logre un consenso interno antes de volver a la mesa de diálogo. Al respecto, Trump justificó la espera señalando que el gobierno iraní atraviesa una etapa de profundas divisiones, un escenario que calificó como «esperable».
La estrategia de Washington fue delineada en una reunión de urgencia en la Casa Blanca. Del encuentro participaron el vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Defensa Pete Hegseth, junto a los asesores clave Steve Witkoff y Jared Kushner. La presencia de este equipo refuerza la idea de una postura que combina la apertura al diálogo con una asfixia económica persistente.
Por su parte, la respuesta de Teherán no se hizo esperar, aunque refleja la complejidad de su frente interno. Mohamad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento, rechazó cualquier avance que implique una rendición ante las amenazas externas. En sintonía, el canciller Abbas Araqchi fue más allá y calificó la continuidad del bloqueo portuario como un «acto de guerra», lo que mantiene la incertidumbre sobre la efectividad de esta tregua técnica en el largo plazo.
