
El jefe de Gabinete porteño reveló que se registraron más de 200 denuncias apócrifas en una semana. Vinculó el fenómeno con problemáticas de salud mental y bullying en adolescentes.
El jefe de Gabinete de la Ciudad de Buenos Aires, Gabriel Sánchez Zinny, manifestó su preocupación ante el drástico incremento de denuncias falsas que han forzado la activación de protocolos de seguridad en diversos puntos del distrito. Según detalló el funcionario, solo en la última semana se contabilizaron más de 200 alarmas apócrifas, un fenómeno que no solo agota los recursos públicos, sino que impacta directamente en la tranquilidad de la comunidad.
En declaraciones radiales, Sánchez Zinny explicó que, aunque no todos los reportes derivan en allanamientos, cada llamado exige una movilización de efectivos y logística que genera un estado de alerta innecesario. «Son todos casos que tienen consecuencias y que son delitos», subrayó, enfatizando que el sistema de emergencias se ve afectado por maniobras que distraen la atención de urgencias reales.
Un trasfondo social y emocional
Más allá de la respuesta punitiva, el funcionario analizó las causas detrás de este comportamiento, señalando que muchas de estas acciones están ligadas a situaciones de bullying o malestar emocional entre los jóvenes. En este sentido, remarcó que el Gobierno porteño busca abordar la problemática desde una perspectiva integral que incluya la contención y la mirada social, y no únicamente el rigor legal.
Respecto a la implementación de sanciones económicas para los padres de los menores involucrados —medida que ya se aplica en otras jurisdicciones—, Sánchez Zinny aclaró que, por el momento, la Ciudad no ha adoptado ese camino. No obstante, advirtió que se trabaja intensamente en la concientización sobre la gravedad de estos hechos y en la responsabilidad que recae sobre los adultos responsables.
El jefe de Gabinete también vinculó esta conducta con las secuelas del aislamiento prolongado durante la pandemia, que deterioró la salud mental de muchos adolescentes. «Hay que cuidar a los chicos, hablarles y estar presentes», afirmó, instando a las familias a involucrarse activamente en la supervisión del uso de las tecnologías y en el acompañamiento emocional de los menores para prevenir este tipo de incidentes.
