
Durante el 81.º aniversario del triunfo sobre la Alemania nazi, el líder ruso vinculó la gesta histórica con la actual invasión. En un desfile marcado por la ausencia de blindados pesados, Moscú reafirmó que la prioridad absoluta es el frente de batalla.
En una Plaza Roja que combinó el rigor ceremonial con el pragmatismo de la guerra, Vladímir Putin encabezó este sábado las celebraciones por el Día de la Victoria. El mandatario utilizó el estrado principal para blindar políticamente la operación militar en Ucrania, calificándola de «justa» y presentando a su país como una nación que resiste el asedio de una fuerza agresora sostenida por «todo el bloque de la OTAN».
El discurso de Putin no solo buscó apelar al patriotismo, sino que trazó una línea directa entre la resistencia soviética de 1945 y el despliegue actual en territorio ucraniano. Para el Kremlin, la lucha de sus soldados hoy es una continuación de la defensa histórica contra las amenazas externas, acusando a Occidente de utilizar a Kiev como un instrumento para desestabilizar a Rusia.
Un desfile austero: los tanques en el frente
Lo que más llamó la atención de los analistas internacionales no fue solo el discurso, sino la fisonomía del desfile militar. Por primera vez en años, la Plaza Roja no vibró bajo las orugas de los tanques ni exhibió los imponentes sistemas de misiles balísticos intercontinentales. La ausencia de este armamento fue justificada por las autoridades debido a la «situación operativa actual».
“Nuestros tanques están en plena acción ahora mismo”, argumentó el diputado Yevgeny Popov, reforzando la idea de que el material bélico es más necesario en el campo de batalla que en los actos de exhibición. Esta austeridad logística fue interpretada como una confirmación de que Moscú mantiene todos sus recursos concentrados en la ofensiva, evitando distracciones ceremoniales ante la prolongación del conflicto.
Tregua frágil y acusaciones cruzadas
La jornada estuvo enmarcada por el anuncio de un alto el fuego de tres días impulsado por Rusia en honor a la festividad. Sin embargo, la pausa duró poco en los despachos de prensa: el Ministerio de Defensa ruso no tardó en acusar a las fuerzas ucranianas de violar la tregua mediante ataques específicos, aunque no se brindaron detalles técnicos sobre la magnitud de los mismos.
Putin concluyó su intervención destacando la «fuerza moral y espiritual» del pueblo ruso como el factor determinante para la victoria final. En un mensaje de cohesión interna, el presidente insistió en que la industria, la ciencia y la milicia trabajan de manera coordinada para superar la presión económica y militar impuesta por los aliados de Ucrania. El mensaje fue claro: Rusia no tiene intención de retroceder, independientemente del costo logístico o diplomático
