
Un informe elaborado por el Instituto de Energía de la Universidad Austral reveló que la Argentina atraviesa una transformación estructural en su matriz productiva. Durante el primer semestre del año, el sector registró un superávit comercial energético superior a los US$ 6.900 millones, impulsado por niveles récord de extracción de petróleo y gas, donde la Cuenca Neuquina concentra aproximadamente el 75% de la producción total del país.
Carlos Mendizábal, codirector de la institución, remarcó que la discusión ya no pasa por cuánto recurso se puede extraer de Vaca Muerta, sino por la capacidad del país para transportarlo, industrializarlo y colocarlo de manera competitiva en los mercados internacionales. La relevancia del saldo exportador radica además en su impacto macroeconómico, al convertirse en una fuente estructural de divisas que contribuye a estabilizar la economía nacional.
Proyectos estratégicos y cuellos de botella
Pese a las cifras positivas, el balance de los meses invernales expuso limitaciones operativas. Durante julio, diversas industrias sufrieron restricciones de suministro de gas en jornadas de alta demanda, lo que evidenció la urgencia de ampliar la red de gasoductos, las plantas de tratamiento y la capacidad de almacenamiento para evitar cuellos de botella.
Para dar respuesta a este escenario, avanzan proyectos de gran escala como las obras de VMOS, las ampliaciones en el sistema de transporte de Oldelval, la iniciativa Argentina LNG y desarrollos petroquímicos clave. Entre ellos se destaca la futura planta de urea anunciada por Pampa Energía en Bahía Blanca, ejemplo del proceso de agregado de valor donde el gas natural pasa de ser un insumo consumible a la materia prima de un complejo industrial regional. Finalmente, el reporte enfatizó la importancia de mantener la estabilidad fiscal y normativa —consolidada a través del RIGI y la flexibilización de licencias de exportación— para competir por inversiones globales frente a otros actores del mercado.

