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Cuatro de cada diez cuidadores familiares presentan sobrecarga intensa que requiere asistencia

Un estudio llevado a cabo por el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad junto al Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral reveló que el 20,4% de las personas encuestadas se dedica al cuidado de algún familiar. El informe, que analizó las dinámicas cotidianas de 1.028 personas mayores de 18 años en Argentina, encendió las alarmas al constatar que el 40,8% de los cuidadores principales evaluados alcanza un nivel de sobrecarga intensa en la escala de Zarit, un estado crítico que compromete la salud física y mental de quien cuida y que requiere intervención profesional inmediata.

La investigación evidencia una marcada brecha de género en la asunción de estas responsabilidades. Al evaluar la distribución de las tareas dentro del hogar, el 60,6% de las mujeres que asumen roles de cuidado se identifican como las cuidadoras principales de la familia, mientras que en el caso de los varones la proporción desciende al 44,4%. En cuanto a los vínculos asistidos, la mayor parte de la atención se concentra en las madres o suegras (38,6%), seguidas por los hijos de 6 a 12 años (21%), los hijos adolescentes de 13 a 18 años (17,6%) y los padres o suegros (15,7%).

Para profundizar en el impacto psicológico y físico del cuidado, el estudio aplicó la Escala de Sobrecarga del Cuidador de Zarit, un instrumento internacional compuesto por 22 ítems. Los resultados indicaron que seis de cada diez cuidadores atraviesan algún nivel de sobrecarga, alcanzando el 40,8% el umbral de 56 o más puntos. Este nivel severo está clínicamente asociado a una mayor morbimortalidad en la persona cuidadora. Un hallazgo relevante del reporte es que la sola presencia de ayuda no garantiza la reducción del estrés: el nivel de sobrecarga intensa afectó por igual (40%) a quienes manifestaron contar con apoyos y a quienes no los tienen, lo que demuestra que la calidad y estructura de las ayudas resulta más determinante que su mera disponibilidad.

En el plano laboral, la encuesta derribó el mito de que el cuidado margina por completo a las personas del mercado de trabajo. De hecho, el 75% de quienes cuidan a un familiar realiza alguna actividad remunerada, un porcentaje superior al 67% registrado entre quienes no ejercen tareas de cuidado. Sin embargo, las condiciones para conciliar ambas esferas exponen una profunda desigualdad estructural según el tipo de empleo. Al medir el acceso a licencias familiares (maternidad, paternidad, enfermedad de familiar, eventos y guardería), la cobertura alcanza al 53,7% en los trabajadores formales, se desploma al 17,1% en el sector informal y cae de manera drástica al 9,5% entre los trabajadores independientes.

Esta falta de protección en la informalidad e independencia acentúa las dificultades operativas de los hogares. Asimismo, el informe indagó sobre la modalidad de trabajo elegida por los encuestados. Aunque actualmente el 48,8% trabaja de forma plenamente presencial y un 32,1% lo hace bajo un esquema híbrido, el 50,5% de las personas señaló que la modalidad ideal para equilibrar sus vidas laborales y familiares sería un esquema combinado que contemple entre dos y tres días de trabajo remoto desde el hogar.

A pesar de los elevados costos emocionales y físicos, el estudio resalta que el cuidado no es percibido únicamente como una carga. El 95,7% de las personas que cuidan afirmó encontrar aspectos profundamente gratificantes en su labor cotidiana. Entre los motivos más valorados, el 75,7% destacó el cariño mutuo, el 61,9% el tiempo compartido y el 51% los avances o cambios positivos logrados en la persona asistida. Tan solo un 4,3% de los encuestados manifestó no hallar ningún elemento reconfortante en la experiencia.

El trabajo de campo de la Universidad Austral se realizó mediante un relevamiento en línea entre octubre de 2025 y abril de 2026. Los autores del informe concluyen que el cuidado debe abordarse como una problemática pública integral, donde resulta urgente implementar políticas laborales inclusivas, garantizar el acceso equitativo a licencias y fortalecer los dispositivos de acompañamiento para resguardar la salud integral de quienes asumen esta tarea central para la sociedad.

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