
El sistema educativo nacional se encuentra atravesando una de sus etapas más críticas de las últimas décadas. Así lo refleja el reciente documento elaborado por la Universidad Austral, denominado «Informe Austral sobre Juventud y Educación 2026.v4», el cual arroja un diagnóstico exhaustivo sobre el deterioro de los aprendizajes, el impacto negativo del uso desmedido de la tecnología en las aulas y una preocupante disminución en las capacidades cognitivas de los estudiantes.
Los resultados derivados de las últimas pruebas estandarizadas internacionales dejan al país en una posición de extrema vulnerabilidad académica. Según los datos arrojados por las evaluaciones PISA 2025, menos del 8% de los alumnos argentinos logra alcanzar los conocimientos mínimos e indispensables en áreas fundamentales para el desarrollo superior y profesional, como lo son la matemática, la comprensión lectora y las ciencias. En el ranking global, el país ha experimentado un retroceso sostenido, ubicándose en los puestos 75, 62 y 71 respectivamente en estas tres disciplinas. Esta caída constante evidencia que el sistema no ha logrado revertir una tendencia al declive que ya lleva varios ciclos de medición.
Uno de los factores determinantes que el informe señala como un obstáculo directo para el aprendizaje cotidiano es la irrupción y el consumo no regulado de dispositivos móviles durante el horario de clases. El documento subraya que el 55,4% de los estudiantes sufre de distracción digital constante provocada por sus propios compañeros en el entorno escolar. Esta cifra resulta especialmente grave si se la compara a nivel internacional, ya que representa casi el doble del promedio registrado en los países que integran la OCDE. La dispersión generada por las pantallas interfiere de forma agresiva en la concentración, reduce el tiempo efectivo de enseñanza por parte de los docentes y fragmenta la atención, repercutiendo de manera ineludible en el bajo rendimiento general.
Por otro lado, el relevamiento hace un fuerte hincapié en la profunda brecha de desigualdad que segmenta al alumnado, marcando diferencias estructurales abismales según el nivel socioeconómico y el tipo de gestión del establecimiento. Los resultados de las pruebas Aprender 2025 exponen esta fractura de forma contundente: mientras que más del 90% de los estudiantes que asisten a escuelas de gestión privada logran alcanzar niveles satisfactorios o avanzados en el área de Lengua, apenas un 70% de los alumnos de escuelas estatales logra el mismo objetivo. Al analizar las diferencias de puntaje entre los sectores socioeconómicos más altos y los más vulnerables, la brecha supera ampliamente los 70 puntos, consolidando a las instituciones como un espacio donde las desigualdades de origen se cristalizan en lugar de mitigarse.
El dato más desolador que aporta el estudio tiene que ver con el impacto directo de esta crisis sistémica en el desarrollo intelectual de las nuevas generaciones. Una investigación local citada en el informe identificó una caída promedio de 3,6 puntos en el Coeficiente Intelectual (CI) de los jóvenes entre los años 2013 y 2023. Este descenso no solo marca un freno al histórico «efecto Flynn» —el fenómeno que describía el aumento continuo y sostenido del CI en la población mundial durante el siglo XX—, sino que enciende alertas sobre la base cognitiva de los futuros profesionales. La merma se detectó mayoritariamente en el área de las habilidades verbales y de razonamiento analítico, mostrando nuevamente una marcada asimetría que favorece a los alumnos del sector privado por sobre los del sector público.
