
La secretaria de Políticas Sociales, Romina Pires, confirmó un cambio estructural en el perfil de la demanda local. Crecen los pedidos por alquileres, medicamentos y asistencia a jubilados. El Municipio triplicó las camas para personas en situación de calle ante el invierno.
La profundización de la crisis económica generó un impacto directo en los sectores más vulnerables de Bahía Blanca, provocando un sensible incremento en la demanda de cobertura pública. Desde la Secretaría de Políticas Sociales y Fortalecimiento Comunitario local confirmaron que los indicadores de solicitudes de ayuda mutaron de forma drástica en comparación con el año anterior, obligando a reconfigurar los programas de contingencia urbana.
«Empezamos a notar una demanda distinta a la del año pasado», aseguró la titular del área, Romina Pires. La funcionaria explicó que el agravamiento de las condiciones materiales se manifiesta ahora en sectores que antes lograban sostenerse de manera autónoma, ampliando el universo de bahienses que requieren acompañamiento estatal directo para cubrir necesidades básicas de subsistencia.
El Plan Calor y la emergencia habitacional
Ante la proximidad de las bajas temperaturas, el Municipio dispuso la puesta en marcha del Plan Calor, un programa de asistencia crítica que excede la mera entrega de insumos. El esquema contempla el abastecimiento y recarga de garrafas, la distribución de mantas y frazadas, y un módulo específico de asistencia habitacional para viviendas precarias, complementado por un seguimiento socioambiental integral de cada grupo familiar beneficiario.
En paralelo a la emergencia, la cartera social busca implementar metas de mediano plazo vinculadas a la salud pública. Pires remarcó que se encuentra en agenda el diseño de una transición hacia energías más limpias en los barrios periféricos, con el objetivo de reducir de forma progresiva el uso de leña para la calefacción y la cocina, debido a las severas consecuencias e infecciones respiratorias que genera el humo en entornos cerrados.
Nuevas demandas: medicamentos y alquileres
Uno de los puntos más críticos del diagnóstico municipal radica en la aparición de solicitudes vinculadas a prestaciones de salud y vivienda que desbordan la asistencia alimentaria tradicional. En los últimos meses, las oficinas comunitarias registraron una escalada en los pedidos de subsidios para afrontar alquileres, la compra de medicamentos de uso crónico y el sostenimiento de personas con discapacidad.
El impacto es especialmente agudo en la población de la tercera edad. «Muchos abuelos vienen porque ya no pueden cubrir remedios o servicios básicos», detalló la secretaria, evidenciando el desfasaje entre los haberes previsionales y el costo de la canasta de prestaciones médicas y tarifas.
Esta presión sobre las arcas locales se da en un contexto de fuerte tensión financiera por la reconfiguración de los fondos públicos. Pires advirtió que los recortes ejecutados por el Gobierno nacional en los programas sociales y de salud pública trasladan una carga fiscal y operativa cada vez más insostenible hacia las provincias y los municipios. «No alcanza solo con voluntad: se necesitan recursos económicos para sostener los programas», sentenció la funcionaria.
Refuerzo para personas en situación de calle
La manifestación más extrema de la vulnerabilidad socioeconómica, reflejada en las personas en situación de calle, demandó una ampliación de la infraestructura disponible. De cara al periodo invernal, el Municipio bahiense optimizó y amplió la capacidad de sus dispositivos de pernocte y paradores, elevando de 16 a 45 las camas disponibles para garantizar el resguardo y la asistencia de las personas afectadas por esta problemática.
