
El ex presidente brasileño Jair Bolsonaro, de 70 años, experimenta un agravamiento en su estado de salud tras permanecer doce días en cuidados intensivos en el Hospital DF Star de Brasilia. Este deterioro se produce luego de una compleja cirugía intestinal de 12 horas, realizada para tratar una obstrucción derivada de las secuelas del apuñalamiento que sufrió en 2018 durante su campaña presidencial.
Según el último parte médico, se ha observado un aumento en su presión arterial y un empeoramiento en las pruebas hepáticas, lo que ha llevado a los médicos a realizar nuevas pruebas de imagen para evaluar su evolución. Bolsonaro continúa en ayuno oral, recibiendo nutrición parenteral exclusiva, y sigue con fisioterapia motora y medidas preventivas contra la trombosis venosa. Se mantiene la recomendación de no recibir visitas y no hay previsión de alta de la unidad de cuidados intensivos.
Este empeoramiento de su salud coincide con un momento crítico en el ámbito judicial para Bolsonaro. La Corte Suprema de Brasil lo notificó formalmente en su habitación de hospital sobre el juicio en su contra por su presunta participación en un intento de golpe de Estado tras su derrota electoral en 2022. La notificación generó controversia debido al delicado estado de salud del ex mandatario.
El proceso judicial también involucra a varios de sus colaboradores cercanos, incluidos altos mandos militares, siendo la primera vez que oficiales de tal rango enfrentan cargos por golpismo en Brasil. La defensa de Bolsonaro tiene un plazo de cinco días para presentar sus argumentos ante el Supremo Tribunal Federal.
Mientras tanto, Bolsonaro permanece consciente y ha interactuado con sus seguidores a través de transmisiones en vivo desde su habitación en la unidad de cuidados intensivos, acompañado por sus hijos y el ex piloto Nelson Piquet. Estas acciones han sido criticadas por algunos sectores debido a su estado de salud y la gravedad de las acusaciones en su contra.
La situación actual de Bolsonaro representa un punto de inflexión tanto en su trayectoria política como en su salud personal, con un futuro incierto en ambos frentes. El país sigue de cerca la evolución de su estado clínico y el desarrollo del proceso judicial que podría tener implicaciones significativas para la política brasileña.
