
En el marco de esta jornada, especialistas del Hospital de Clínicas subrayan que estos dispositivos no son inocuos, destacando que el 30% de los adolescentes los ha probado y que representan una puerta de entrada al tabaquismo tradicional.
En el contexto del Día Mundial Sin Tabaco, el Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires difundió un informe alertando sobre los peligros que representan los cigarrillos electrónicos y dispositivos de vapeo. Tras la entrada en vigencia de la Resolución 549/2026, que establece un nuevo régimen regulatorio para la comercialización de estos productos, los especialistas buscan despejar los mitos sobre su supuesta seguridad.
Un riesgo presente en la adolescencia
Según datos del CEDES, se estima que el 30% de los adolescentes argentinos de entre 14 y 17 años ha probado estos dispositivos en alguna oportunidad. Para los médicos, este dato es alarmante, ya que diversos estudios confirman que el uso de vapeadores actúa como una puerta de entrada al consumo de cigarrillos convencionales.
«Si bien podrían ser menos tóxicos que los cigarrillos combustibles al no quemarse papel, los vapeadores no son inocuos. Producen daños a la salud, como el deterioro de los pulmones y favorecen la adicción a la nicotina», explicó el Dr. Raúl Mejía, médico consultor del Departamento de Medicina Ambulatoria del Hospital de Clínicas.
Más que simple vapor
A pesar de la creencia popular de que el vapor emitido es inofensivo, la Dra. Evangelina Membriani, neumonóloga del Hospital de Clínicas, advirtió que el aerosol contiene numerosas sustancias tóxicas y cancerígenas. «Al no haber estado regulado hasta el momento, no se conoce fehacientemente qué contiene cada dispositivo, pero sí se sabe que los vapeadores suelen contener nicotina, propilenglicol, glicerina vegetal, saborizantes y compuestos químicos que, al calentarse, liberan sustancias capaces de causar estrés oxidativo e inflamación pulmonar».
Entre las patologías asociadas, los especialistas destacaron:
EVALI: una enfermedad pulmonar aguda que puede presentarse pocas horas después del consumo.
Daños respiratorios: tos crónica, disnea, broncoespasmos y agravamiento del asma.
Efectos cardiovasculares: aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial.
Riesgos a terceros: la exposición secundaria al aerosol puede causar problemas respiratorios e intoxicaciones, especialmente en niños.
La Dra. Membriani enfatizó que, aunque algunos cuadros pueden ser reversibles al abandonar el vapeo, otros daños estructurales, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), son irreversibles. «Cuanto antes se abandone el consumo, mayores son las posibilidades de evitar daños a largo plazo», concluyó.
