
El discurso oficial de la administración libertaria ha comenzado a instalar una narrativa de optimismo. Basándose en indicadores puntuales de sectores específicos, el presidente Javier Milei y su equipo económico sostienen que la economía argentina ha tocado fondo y ya exhibe los primeros «brotes verdes». Sin embargo, un relevamiento de las principales consultoras del país muestra que, entre los economistas, predomina una visión mucho más matizada y cargada de interrogantes sobre la solidez de esta recuperación.
Para los especialistas, lo que el Gobierno define como una reactivación clara es, por ahora, un repunte estadístico desde niveles de actividad muy bajos. Si bien sectores como el agro, la energía y la minería muestran números positivos, el grueso de la economía —aquella vinculada al mercado interno— permanece estancado o con signos de debilidad persistente.
Sectores en dos velocidades
La divergencia de opiniones radica en la heterogeneidad del mapa productivo. El sector agroindustrial, favorecido por una base de comparación baja respecto al año anterior, actúa como el motor principal de las cifras positivas. Del mismo modo, el sector energético, traccionado por Vaca Muerta, continúa su senda expansiva ajeno a las vicisitudes del consumo doméstico.
En la vereda opuesta se encuentran la industria manufacturera y el comercio minorista. Según los economistas consultados por Bloomberg Línea, la fuerte caída del poder adquisitivo y el encarecimiento de los costos operativos han generado un techo difícil de perforar para el consumo masivo. «No se puede hablar de una recuperación en ‘V’ si el salario real no muestra una mejora contundente que se traduzca en ventas», coinciden diversos analistas.
El factor fiscal y el tipo de cambio
Otro punto de fricción entre el optimismo oficial y la cautela privada es la sostenibilidad del superávit fiscal y el esquema cambiario. Muchos economistas advierten que parte de la mejora en las cuentas públicas se basa en el diferimiento de pagos y en una licuación de gastos que podría tener un límite social y político cercano.
Asimismo, el debate sobre el atraso cambiario vuelve a ganar terreno. Mientras el Banco Central mantiene el crawling peg del 2% mensual con una inflación que corre por encima, crecen las dudas sobre la competitividad exportadora a mediano plazo. Para los expertos, si no hay una unificación cambiaria o una salida del cepo en el corto plazo, los «brotes verdes» corren el riesgo de secarse antes de convertirse en una verdadera expansión económica.
¿Recuperación genuina o rebote técnico?
La conclusión predominante en el city porteña es que Argentina se encuentra en un periodo de estabilización, pero no necesariamente de crecimiento. El fin de la caída libre es una noticia positiva, pero la transformación de ese rebote técnico en una fase de desarrollo dependerá de la llegada de inversiones reales que todavía se muestran esquivas ante la incertidumbre legislativa y política.
Por el momento, los economistas prefieren esperar a los datos del segundo trimestre para confirmar si la tendencia es sólida. Hasta entonces, la distancia entre el entusiasmo de la Casa Rosada y el escepticismo de los modelos econométricos seguirá siendo la marca distintiva del clima de negocios en el país.
