
Con la llegada del otoño, la preocupación por la pérdida de cabello se multiplica en las consultas. Especialistas explican que el impacto de la radiación UV acumulada desde diciembre se manifiesta ahora, en un proceso de caída estacional que suele ser normal pero requiere observación.
Marzo y abril suelen traer consigo una sensación compartida de alarma: el cepillo se llena de cabellos con más facilidad y la rejilla de la ducha parece confirmar el peor de los temores. Sin embargo, antes de ceder al pánico, es necesario comprender la «memoria biológica» del cabello. Lo que hoy vemos como una pérdida masiva es, en la mayoría de los casos, la respuesta a un daño ocurrido meses atrás.
El impacto invisible del verano
Aunque la temporada de playa haya quedado atrás, el cuero cabelludo —un tejido vivo con vasos sanguíneos y actividad metabólica— ha recibido el impacto directo de la radiación UV desde diciembre. Este daño no es exclusivo de quienes se asolearon en la costa; la exposición urbana al caminar por la vereda o esperar un semáforo es suficiente para debilitar el bulbo piloso.
Debido a que el ciclo capilar tiene tiempos específicos, el cabello debilitado en enero entra en su fase de caída recién en marzo o abril. Este fenómeno es conocido coloquialmente como la “época de la berenjena” y técnicamente se define como una caída estacional reactiva.
¿Cuándo es una alerta real?
Es fundamental aprender a diferenciar un proceso natural de una patología. En promedio, perdemos alrededor de 100 cabellos por día. Si una persona no lava o desenreda su cabello por dos días, se acumularán 200 cabellos que caerán juntos en la próxima ducha, generando una percepción de pérdida mayor a la real.
Signos de normalidad:
Notar más cabello en el cepillo por unas semanas.
Fibra capilar más opaca, áspera o frágil.
Señales para consultar a un profesional:
Caída intensa que persiste por más de 8 semanas.
Aparición de zonas despobladas o «claros» en el cuero cabelludo.
Presencia de ardor, picazón o dolor.
Caída acompañada de cansancio extremo o cambios hormonales.
Recomendaciones para recuperar el equilibrio
Para acompañar al cabello en esta etapa de transición, los expertos sugieren mantener una limpieza profunda del cuero cabelludo, ya que un folículo limpio trabaja de manera más eficiente. Se recomienda evitar peinados muy ajustados que generen tracción y no espaciar los lavados por miedo, ya que esto solo acumula cabello muerto y genera mayor angustia visual al momento del aseo.
La “época de la berenjena” no es un castigo, sino una respuesta biológica. Entender este ciclo es el primer paso para cuidar la salud capilar con conciencia y sin temores infundados.


