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La sombra de Epstein alcanza a Suecia: revelan una inquietante obsesión con la princesa Magdalena

Nuevas investigaciones de un periodista estadounidense aseguran que el magnate financiero mantuvo una fijación unilateral y peligrosa con la hija menor de los reyes suecos durante su estancia en Nueva York. Según los informes, Epstein llegó a ordenar que la vigilaran y recolectó fotografías sin su consentimiento.

El escándalo global que rodea la figura del fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein continúa ramificándose por las cortes europeas. Mientras la monarquía británica aún lidia con las secuelas del príncipe Andrés y la noruega enfrenta cuestionamientos por los encuentros de Mette-Marit, el foco mediático se ha trasladado ahora hacia la Casa Real de Suecia. Nuevas revelaciones señalan que la princesa Magdalena fue objeto de una obsesión perturbadora por parte del magnate.

La información, que ha sacudido la opinión pública sueca, surge de las investigaciones del escritor y periodista estadounidense Ian Halperin, autor del libro “Controversy: Sex, Lies and Dirty Money By The World’s Powerful Elite”. Según Halperin, Epstein no solo consideraba a Magdalena como la integrante de la realeza «más atractiva del mundo», sino que su interés escaló a un nivel de vigilancia clandestina que hasta ahora era desconocido.

Vigilancia y fijaciones perturbadoras

De acuerdo con el relato del investigador, la obsesión de Epstein comenzó alrededor de 2010, año en que la princesa se trasladó a Nueva York tras la ruptura de su compromiso con Jonas Bergström. En la Gran Manzana, Magdalena trabajaba para la World Childhood Foundation, una organización dedicada precisamente a la protección de la infancia.

Halperin sostiene que Epstein utilizó su vasta red de empleados para realizar un seguimiento discreto de los movimientos de la princesa. Lo más alarmante de la revelación es la existencia de una supuesta colección de fotografías tomadas sin el consentimiento de Magdalena, muchas de ellas centradas en sus pies, una fijación fetichista que ya se había documentado en otros casos de víctimas del financiero. «Él decía que era la mujer más sexy del mundo y estaba convencido de que, tarde o temprano, la conseguiría», asegura el periodista basándose en testimonios del entorno del magnate.

El contraste con su labor humanitaria

A pesar de los presuntos esfuerzos de Epstein por acercarse, la investigación aclara que nunca existió un vínculo real ni contacto directo entre ambos. La princesa Magdalena jamás fue consciente de que estaba siendo observada por el hombre que lideraba una de las redes de tráfico sexual más oscuras de la historia reciente.

Resulta particularmente paradójico y cruel que el nombre de Magdalena se vea salpicado por esta sombra, dado que su agenda oficial y personal está profundamente ligada a la lucha contra el abuso sexual infantil. La princesa es autora del libro “Stella y el secreto”, una obra diseñada para dar herramientas a los niños frente al abuso, y trabaja activamente junto a su madre, la reina Silvia, en la prevención de la explotación infantil.

Diferencias con el caso noruego

La situación de Magdalena difiere drásticamente de la de Mette-Marit de Noruega, cuyo nombre también resuena en estos días. En el caso noruego, existen pruebas de una relación documentada con encuentros personales y correos electrónicos intercambiados entre 2011 y 2014, incluso después de que Epstein fuera condenado. En cambio, en Suecia, la «relación» parece haber sido estrictamente el producto de la mente de un depredador que buscaba sumar figuras de alto perfil a su órbita de poder, aunque fuera de manera unilateral.

Por el momento, la Casa Real sueca ha mantenido su política habitual de silencio frente a estas revelaciones, mientras Magdalena continúa residiendo en Suecia, dedicada a sus hijos y a su emprendimiento cosmético MinLen, intentando dejar atrás un capítulo del que, irónicamente, fue protagonista sin haberlo sabido jamás.

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