
Los productores agropecuarios de la Argentina y los Estados Unidos enfrentan en la actualidad desafíos coyunturales profundamente similares: el elevado costo de los insumos clave, la constante presión a la baja sobre los precios internacionales de los commodities y una preocupación generalizada por la salud financiera de sus explotaciones. Sin embargo, al proyectar los próximos años, sus expectativas muestran diferencias drásticas y contundentes.
Así lo reveló el estudio exhaustivo titulado “How Farmer Sentiment Compares in the United States and Argentina”, elaborado en conjunto por investigadores de la prestigiosa Purdue University y la Universidad Austral. La investigación se basó en la primera comparación directa entre el Purdue University/CME Group Ag Economy Barometer y el Austral Ag Barometer, utilizando encuestas realizadas de manera simultánea a aproximadamente 400 productores de cada país.
La divergencia más notoria se evidencia en las perspectivas para la producción agrícola en un horizonte de cinco años. En Estados Unidos, golpeados por márgenes crecientes de estrechez y elevados costos operativos, el 57 por ciento de los productores anticipa malos tiempos y apenas el 28 por ciento proyecta un escenario positivo. En contraste, en la Argentina la ecuación se invierte drásticamente: el 53 por ciento de los agricultores augura buenos tiempos para la actividad, mientras que tan solo un 4 por ciento prevé un contexto negativo. Según el informe, este optimismo local no se traduce necesariamente en una alta rentabilidad presente, sino en la percepción de un marco institucional y económico mucho más favorable para la inversión, apalancado por la quita o reducción de derechos de exportación, una mayor apertura comercial y un mejor acceso al financiamiento en dólares.
En el ámbito ganadero, la visión favorable es aún más homogénea en ambas naciones, alcanzando un 68 por ciento de expectativas positivas en Estados Unidos y un 80 por ciento en la Argentina. En el plano local, el sector se ve beneficiado por la ausencia de restricciones a las exportaciones de carne vacuna y una reactivación del rodeo nacional incentivada por el crédito accesible. Sobre este punto, Carlos Steiger, director del Ag Barometer Austral y coautor de la investigación, remarcó que el mayor optimismo del productor argentino descansa principalmente en la expectativa de continuidad de las políticas orientadas a reducir las retenciones y la previsibilidad para la ganadería.
Las diferencias reaparecen al analizar el mercado de tierras agrícolas. Mientras que en suelo norteamericano el 57 por ciento de los encuestados prevé que los valores de los campos se mantendrán estables debido a los altos precios actuales y las tasas de interés, en la Argentina la mitad de los productores (50 por ciento) espera un aumento directo en el valor de la hectárea, al percibir que la tierra agrícola nacional continúa subvaluada tras años de inestabilidad macroeconómica.
Finalmente, el trabajo destaca que, si bien la inflación de costos y el riesgo climático son preocupaciones compartidas a ambos lados del continente, la incertidumbre sobre las políticas públicas y las reglas de juego cambiarias continúa figurando como un factor condicionante de peso para los productores argentinos, situándolo como un elemento clave a monitorear para consolidar las decisiones de inversión a largo plazo.
