
El último informe de Oferta y Demanda del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) frenó en seco las expectativas alcistas que dominaban los mercados agrícolas mundiales. Tras semanas de especulación por el deterioro de los cultivos norteamericanos, el organismo oficial aplicó recortes menores a los previstos por los privados en la producción de maíz y, sorpresivamente, elevó sus estimaciones para la cosecha de soja.
Según el análisis de Dante Romano, investigador del Centro de Agronegocios de la Universidad Austral, el mercado había sobreestimado la caída de la oferta. En el caso del maíz, la producción estadounidense se redujo en 5,4 millones de toneladas, dejando el volumen en 401,3 millones; una cifra muy por debajo del recorte de 16 millones que esperaba el sector. No obstante, al contrastarlo con el ciclo anterior, el balance global sigue siendo ajustado, lo que obliga a mantener precios competitivos para administrar la demanda internacional.
En el plano local, esta coyuntura ha despertado un fuerte dinamismo comercial. Los productores argentinos están capitalizando los valores actuales del maíz, habiendo comercializado ya el 57% de la producción a precio, superando ampliamente el promedio histórico. La Bolsa de Comercio de Rosario acompaña este optimismo elevando su estimación de cosecha maicera a un rango de entre 67,5 y 70,5 millones de toneladas.
Por el contrario, la comercialización de la soja avanza a un ritmo más cauto en el país. A pesar de la firme demanda sostenida por las compras de China, solo el 42% de la producción local se encuentra vendida a precio. A futuro, se espera que el área sembrada con la oleaginosa crezca un 1,2%, reemplazando lotes del norte afectados por la plaga de la chicharrita.
Finalmente, el trigo se encuentra ante un escenario global complejo por las dificultades logísticas en el Mar Negro, lo que podría representar una ventana de oportunidad para colocar el remanente argentino de la campaña anterior y fortalecer el ingreso de divisas.
