
Los indicadores agregados de actividad económica a nivel nacional no siempre reflejan con fidelidad la evolución de las economías locales ni captan las distintas velocidades a las cuales se expanden las regiones productivas más dinámicas de la Argentina. Esta divergencia cobra especial relevancia debido a la presencia de actividades clave —altamente concentradas desde el punto de vista territorial— que experimentan procesos de expansión o contracción significativos.
Para medir con precisión este impacto regional sobre la economía real, el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral elaboró los Índices Locales de Ciclo Económico (ILCE), analizando los datos acumulados hasta julio de 2026. La investigación agrupa la actividad en tres grandes bloques regionales según sus motores productivos: la Región Centro (agroindustria, integrada por Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos), la Región Sur (hidrocarburos, comprendida por Neuquén y Río Negro) y la Región Andina (minería, que abarca Salta, Jujuy, Mendoza, San Juan y Catamarca).
El Sur lidera la actividad económica mientras la Región Andina registra contracción
De acuerdo con las estimaciones de los ILCE, entre enero y julio de 2026 el nivel promedio de actividad económica en la Región Sur se ubicó un 2,1% por encima del mismo período del año anterior, consolidándose como el bloque de mayor dinamismo por encima del promedio nacional. Por su parte, la Región Centro registró una expansión acumulada del 1,5% interanual, ubicándose en niveles similares a la media del país. En el extremo opuesto, la Región Andina mostró un retroceso del 2,4% en los primeros siete meses del año frente a igual lapso de 2025.
A modo de comparación, la estimación del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) elaborado por el INDEC registró en el mismo período una expansión del 1,5% en su serie desestacionalizada (y del 1,7% en la serie original), mientras que la variación interanual acumulada de la serie original del EMAE marcó un -1,4%.
En lo que respecta al componente tendencia-ciclo —indicador libre de efectos estacionales e irregulares—, se observan incipientes señales de desaceleración en todo el territorio. A nivel nacional, aunque la economía promedió un crecimiento interanual de 2,0% entre enero y julio, al observar la evolución más reciente (julio de 2026 respecto de diciembre de 2025) la tendencia avanzó un 1,4%, sugiriendo una moderación en el ritmo de expansión.
Al analizar la dinámica mensual del componente tendencia-ciclo durante el último año, la Región Sur mostró las mayores tasas de crecimiento, oscilando entre un 0,53% y un 0,63% mensual. La Región Andina registró incrementos mensuales más acotados, situados entre el 0,10% y el 0,16%. En tanto, la Región Centro, que se había contraído desde mediados de 2023 hasta finales de 2024, pasó a mostrar variaciones positivas pero cercanas a cero (entre 0,02% y 0,05% mensual), sin lograr aún consolidar un proceso firme de recuperación.
Impacto heterogéneo en el mercado laboral urbano
Las diferencias en la actividad económica regional tienen un correlato directo en los indicadores del mercado de trabajo. Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC) correspondientes al segundo trimestre de 2026 reflejan que, a nivel nacional (31 Aglomerados Urbanos), la tasa de empleo se ubicó en el 45,0% (0,5 puntos porcentuales por encima de 2025) y la tasa de desempleo se situó en el 7,9%, manteniéndose estable.
Sin embargo, el comportamiento al interior del país mostró marcadas heterogeneidades: mientras el mercado laboral urbano de la Región Sur mejoró y la Región Andina se mantuvo relativamente estable, la Región Centro sufrió un marcado deterioro.
En la Región Centro, la tasa de desempleo escaló al 10,0% al segundo trimestre de 2026, representando la cifra más elevada entre las regiones analizadas y superando el promedio nacional tras sufrir un incremento interanual de 2,5 puntos porcentuales. Al mismo tiempo, la tasa de empleo se redujo 1,1 puntos porcentuales. El caso de Gran Rosario resultó el más alarmante dentro del panel urbano: su tasa de desempleo trepó al 11,5% (suba de 3,8 puntos respecto al año anterior), convirtiéndose en la más alta del país. El fenómeno se repitió en otros núcleos urbanos del bloque, como Gran Córdoba (10,5% de desempleo) y Gran Santa Fe (8,6%), mientras que Gran Paraná alcanzó el 6,7%, Río Cuarto el 6,4% y Concordia el 6,1%.
En la Región Sur, impulsada por la tracción del sector hidrocarburífero, la tasa de empleo creció 2,7 puntos porcentuales hasta alcanzar el 47,0%, en tanto que la desocupación cayó 0,7 puntos para ubicarse en apenas un 2,5%, la más baja de la Argentina. El aglomerado Neuquén-Plottier funcionó como el principal motor de esta mejora, con una suba de casi 4 puntos en la tasa de empleo (48,9%) y un desempleo del 3,2%. En el aglomerado Viedma-Carmen de Patagones, la desocupación se ubicó en un piso del 0,7%.
Por último, la Región Andina presentó estabilidad en las tasas de actividad y empleo (45,2%), con una desocupación promedio del 5,7%. No obstante, la subocupación aumentó casi un punto porcentual y alcanzó el 13,5%, la proporción más alta de todas las regiones estudiadas. A nivel de aglomerados, Gran Mendoza registró un desempleo del 8,1% (y 17,0% de subocupación); Gran Catamarca un 6,4%; Gran Salta un 4,3%; Jujuy-Palpalá un 3,4%; y Gran San Juan un 3,2%.
Metodología de los índices locales de ciclo económico
Los Índices Locales de Ciclo Económico (ILCE) son indicadores coincidentes construidos a partir de las metodologías econométricas de Stock y Watson (1989, 1991) y Crone y Clayton-Matthews (2005). Para su elaboración se toma un conjunto homogéneo de seis series mensuales por provincia: empleo registrado privado, ventas de naftas, demanda de energía eléctrica, despachos de cemento, recaudación tributaria de origen provincial y patentamientos de vehículos.
Cada índice provincial se pondera según la participación de la jurisdicción en el Valor Agregado Bruto (VAB) de su respectiva región. A diferencia del EMAE-INDEC, que mide la evolución nacional mediante información sectorial, los ILCE captan un factor común no observado a partir de variables provinciales. Por este motivo, la comparación entre ambos indicadores debe enfocarse en la dirección de los movimientos y la coincidencia de las fases del ciclo económico (expansión o contracción) más que en la magnitud exacta de sus niveles.
