
La sombra de la desaprobación internacional se cierne sobre el gobierno argentino, y en el epicentro de la tormenta se encuentra Karina Milei. La secretaria General de la Presidencia ha expresado su furia con el embajador ante la OEA, Carlos Cherniak, tras la publicación de un duro informe de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión que subraya un «deterioro acelerado» del ambiente para el periodismo en Argentina, encendiendo las alarmas sobre el presunto giro autoritario del Presidente.
La diplomacia argentina se encuentra en un punto de ebullición. El gobierno de Javier Milei, conocido por su confrontación directa y su desprecio por las críticas, ha recibido un golpe contundente desde un organismo internacional de peso: la Organización de Estados Americanos (OEA). El informe crítico de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, que opera dentro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), ha provocado una «furiosa» reacción en el entorno presidencial, especialmente por parte de Karina Milei, la influyente secretaria General de la Presidencia.
El informe de la CIDH, que analizó el estado de la libertad de expresión en toda la región, dedicó varias de sus páginas a la situación en Argentina, destacando con preocupación la mala relación entre el Poder Ejecutivo y el periodismo. Estas observaciones no solo alertan sobre posibles afectaciones a la libertad de expresión, sino que también, según la Relatoría, «confirman el giro autoritario del presidente Milei», una línea de acción que el documento asocia directamente con la influencia de Santiago Caputo, el influyente asesor presidencial.
La Relatoría Especial, que dirige el colombiano Pedro Vaca Villarreal, no escatimó en calificativos al registrar «un deterioro acelerado del ambiente para el ejercicio de la libertad de expresión en la Argentina, caracterizado por la baja tolerancia del Poder Ejecutivo hacia las críticas y los procesos deliberativos». Esta afirmación es un dardo directo a la estrategia comunicacional del gobierno, que frecuentemente descalifica a la prensa.
Además, el informe remarca que se reportaron «con alta frecuencia discursos estigmatizantes, principalmente desde altas autoridades del Estado contra periodistas y medios de comunicación, y particularmente contra mujeres». Esta preocupación por la violencia digital y los ataques coordinados no es menor, ya que afecta directamente la integridad y el trabajo de los profesionales de la comunicación. La Relatoría también tomó nota de «cambios significativos en el marco institucional relacionado con el acceso a la información, los medios públicos y la publicidad oficial», lo que sugiere una preocupación por la reducción de la pluralidad de voces y la transparencia.
El documento es enfático al señalar que la prensa debe ejercer libremente su derecho a informar sobre actividades estatales, correspondiendo a la ciudadanía el derecho a ser informada sobre asuntos de interés público. En este sentido, el informe subraya que el uso del derecho penal o de acciones civiles desproporcionadas para limitar la libertad de expresión sobre asuntos de interés público contraviene el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, y que estas prácticas constituyen «un uso abusivo de los mecanismos judiciales».
Entre las observaciones más preocupantes, el organismo de la CIDH reveló haber recibido denuncias que indican un incremento significativo de violencia digital contra mujeres periodistas en el país. Esta violencia se caracteriza por «ataques coordinados en redes sociales con componentes de violencia basada en el género y señalamientos estigmatizantes por parte de altas autoridades del Estado y el uso de canales oficiales para amplificar narrativas discriminatorias». Este punto es de particular alarma, ya que la violencia digital, cuando proviene o es amplificada por figuras estatales, puede generar un ambiente hostil que limite seriamente la labor periodística.
La Diplomacia en el Banquillo de los Acusados
Para el gobierno de Milei, la publicación de este informe es un revés diplomático significativo. En el círculo presidencial, la mirada de reproche apunta directamente al embajador ante la OEA, Carlos Cherniak, quien asumió su cargo en abril, en reemplazo de Sonia Cavallo. Una fuente diplomática, que prefirió mantener su anonimato, confirmó a LPO la furia de Karina Milei: «No hizo nada para frenarlo», reprochan en el entorno de la hermana presidencial, acusando a Cherniak de no haber realizado las gestiones necesarias para neutralizar o postergar la publicación del informe.
El malestar es tal que, según la misma fuente, «hubo un enojo fuerte del vicecanciller Eduardo Bustamante con Cherniak. Justamente lo mandaron para lograr parar (o al menos alertar) sobre las críticas al gobierno nacional y no hizo ni una cosa ni la otra». Esta declaración revela una expectativa interna en Cancillería de que el embajador debería haber actuado como un «escudo» frente a este tipo de dictámenes críticos.
«Esto le pega fuerte a la imagen del gobierno en el mundo y es evidente que a alguien se le pasó hacer las gestiones necesarias para evitar o postergar este dictamen», agregó el diplomático, resaltando el impacto negativo que este informe tiene en la percepción internacional de la administración Milei.
Cabe destacar que Carlos Cherniak es un diplomático cercano al empresario y exlíder montonero Mario Montoto, quien a su vez mantiene una excelente relación con la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Esta red de contactos, que en otros contextos podría haber sido una ventaja, en este caso no logró los resultados esperados.
Para el gobierno de Javier Milei, si bien no les molesta ser criticados por asumir posturas ultraconservadoras o desafiar agendas globales como la Agenda 2030, el cuestionamiento sobre el ataque a la prensa por parte de un organismo internacional que, tradicionalmente, ha mantenido un fuerte alineamiento con Washington, sí resulta particularmente sensible. Esta «obsesión medular» del libertario, compartida con otros líderes de inclinación autoritaria en la región, es un punto de quiebre que genera preocupación y resistencia en la arena internacional, y que ahora se ve expuesta con la contundencia del informe de la OEA.
